Faro de Vigo
Hace ya más de un año que las antiguas instalaciones de Levantina en O Porriño cambiaron de manos en la mayor operación que el granito gallego recuerda en décadas. Es larga la lista de motivos que empujaron a la multinacional alicantina a tomar la decisión de desprenderse de su único activo en la comunidad (como la ralentización de la construcción a nivel mundial por el alza de tipos para contener la inflación), pero al final no se limitó a una cuestión de impresiones, sino de números, cuentas que no daban para el fondo que controlaba la factoría, Polus Capital Management, y que vio mucho más factible vender para ganar liquidez, dinero que destinó a reforzarse en Castellón con Techlam, su gran apuesta por un material más rentable como lo es la piedra sinterizada.
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