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¿De qué huye Moreno Bonilla?: el pánico al cara a cara con Montero y la vergüenza de unas siglas que ya no puede ocultar | Collector
¿De qué huye Moreno Bonilla?: el pánico al cara a cara con Montero y la vergüenza de unas siglas que ya no puede ocultar
El Plural

¿De qué huye Moreno Bonilla?: el pánico al cara a cara con Montero y la vergüenza de unas siglas que ya no puede ocultar

Juanma Moreno Bonilla ha activado el modo pánico. A medida que se acerca la cita con las urnas en este 2026, el presidente de la Junta ha decidido que su mejor estrategia electoral es la invisibilidad: esconder las siglas del PP, silenciar a su jefe nacional y, sobre todo, huir despavorido de un debate cara a cara con María Jesús Montero que desnudaría el colapso de sus servicios públicos. Bajo un andalucismo de cartón piedra, se esconde un dirigente que prefiere sacrificar 19.000 millones de euros para los andaluces antes que desobedecer una sola orden de Alberto Núñez Feijóo, mientras esconde el logo de su propio partido como si fuera una mancha de la que avergonzarse. Moreno Bonilla ha elegido ser el alumno aventajado de Génova en la sombra, aunque en los carteles intente parecer un verso suelto que nada tiene que ver con la derecha que recorta y privatiza. La razón por la que Moreno Bonilla rechaza un cara a cara con María Jesús Montero no es una cuestión de pluralismo democrático. Es una cuestión de supervivencia. En un debate directo, sin el ruido de otros candidatos que le sirvan de escudo, el presidente tendría que explicar por qué hay más de un millón de andaluces atrapados en listas de espera mientras él desvía fondos récord a las clínicas privadas. Moreno Bonilla huye de ese cara a cara porque no quiere hablar de los miles de andaluces que mueren cada año esperando una prestación por dependencia que nunca llega, víctimas de una burocracia letal que prefiere el superávit al bienestar de los más vulnerables. Teme que se le pregunte por el destrozo sistemático de la educación pública, con el cierre de líneas en multitud de pueblos mientras se riegan con dinero público los centros de élite. Le asusta que se le interpele por la asfixia económica de las universidades públicas mientras pone alfombra roja a las privadas. Y, sobre todo, huye del drama de la vivienda, donde su única receta ha sido la inacción frente a los precios abusivos, dejando a una generación entera de jóvenes andaluces sin posibilidad de emanciparse. Cada vez que Moreno Bonilla evita a María Jesús Montero, evita dar explicaciones a los ocho millones y medio de personas que sufren las consecuencias de su gestión. El segundo eje de esta farsa es su relación con Madrid. Resulta casi cómico ver cómo Moreno Bonilla intenta ahora alejar a Feijóo de sus mítines para no contaminar su marca personal, cuando en realidad ha pasado toda la legislatura actuando como un mero delegado de Génova. Moreno es el presidente que ha dicho sí a todo lo que le ha ordenado su jefe, incluso cuando esas órdenes eran un misil contra Andalucía. La prueba es su rechazo a la condonación de deuda. El Gobierno de España puso sobre la mesa casi 19.000 millones de euros para Andalucía, un alivio que permitiría rescatar la sanidad de un plumazo. Pero Moreno Bonilla dijo no. ¿Por qué? Por pura obediencia debida a...

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