El Periódico Extremadura
En lo alto de una sierra barrida por el viento, sobre una plancha inmensa de granito, una roca de varias toneladas podía moverse con el simple empujón de un niño. Bastaba apoyarse levemente. La piedra basculaba. Y durante siglos nadie creyó que aquello fuera casual. Las llamadas piedras caballeras, bamboleantes u oscilantes constituyen uno de los fenómenos más singulares de los paisajes graníticos de la Península Ibérica y de buena parte de Europa occidental.
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