El Periódico Extremadura
Hace unas semanas la cantante Rosalía generó una controversia al decir en una entrevista que admiraba mucho a Picasso, y que sabía diferenciar al artista de su obra. Dicho con otras palabras, que no me vaga buscar ahora, pero venía a decir eso. Acabáramos. En cuestión de minutos la Stasi de la pureza moral le lanzó 150.000 Yakovlev a ametrallar sus redes, volando todos a baja cota eso sí, y con la gasolina justa para poder volver a casa de mamochka a cenar. Al poco la Motomami de Sant Esteve se disculpó justificando su comentario por desconocimiento del alcance real de los abusos del pintor. Me sorprendió ese perdón. Normalmente cuando la Stasi te manda una horda lo ideal es hacer mutis por el foro unos días, hasta que se les termine el combustible. El tema es particularmente peliagudo, lo que imagino que llevó a sus responsables de comunicación a inclinarse por la pública disculpa, a lo Emérito. Para mí, aquel perdón fue el secuestro de la voluntad de una persona, de su sensibilidad ante el arte entendido de manera libre, y el sometimiento al fundamentalismo que el buen lector sabrá identificar.
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