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En la Tercera que firmó la pasada semana, Ramón Tamames analizaba la figura de Donald Trump, calificando sus aspiraciones de «efímeras» ante su «brutalidad». Es cierto que su figura incomoda, pero no debemos engañarnos: Trump no es un político, sino un hombre del 'real estate', un sector donde el ego y la influencia son moneda de cambio. Ante su aparente falta de virtudes cívicas, cabe preguntarse si sus formas contaminan totalmente el fondo de sus importantes intervenciones. Resulta difícil obviar la renacida esperanza en Venezuela o la existencia de amenazas reales en Irán. Con él hemos aprendido, por las malas, que los mecanismos legales internacionales suelen ser papel mojado y que la paz mundial nunca debe darse por supuesta. Trump no es un político modélico, pero es coherente y cuenta con equipos preparados. En España vivimos una paradoja: anhelamos estadistas que rompan el 'statu quo', pero aborrecemos, a menudo sin objetividad, la audacia de quienes se atreven a resolver problemas, con independencia de su naturaleza. Quizá lo que más nos perturba de Trump no es su falta de formas, sino su capacidad de exponer nuestra propia parálisis. José María Maldonado Casado. Pamplona (Navarra) Escribo como psicóloga y en relación a un artículo de ABC que narra con detalle el método y lugar en que se produjo el suicidio de Veronica Forqué. Entiendo que el caso pueda tener relevancia pública, y no cuestiono el derecho a informar sobre él. Sin embargo, la descripción explícita del método es, según la evidencia científica disponible, uno de los factores de mayor riesgo en la cobertura mediática del suicidio. El denominado 'efecto Werther', que hace referencia al aumento de suicidios por imitación tras una cobertura detallada, está ampliamente documentado y es el principal motivo por el que se desaconseja explicitar los métodos utilizados en el suicidio en los medios. No se trata de evitar hablar sobre el suicidio, sino de omitir detalles irrelevantes como los que aparecen en la noticia («Era un pañuelo de seda, gris azulado con flores azules y granates, que se llevaron los forenses como un elemento de prueba», relata la hija de la actriz. «Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer. Enfrente de ella había un espejo, y seguramente se miró en él»). Difundir ese contenido expone a audiencias especialmente vulnerables y constituye un factor de riesgo importante en relación con la conducta suicida. Informar sobre el suicidio no solo es perfectamente posible, sino aconsejable de cara a reducir el estigma que lo rodea. Lo importante es hacerlo con rigor y sin reproducir detalles que puedan causar daño. Lucía Catena. Madrid Durante años, la narrativa dominante sentenciaba que la tauromaquia desaparecería por falta de interés generacional. Sin embargo, las estadísticas actuales reflejan lo contrario: uno de cada diez jóvenes de entre 15 y 24 años ha asistido a un festejo taurino, una cifra que supera el 7,5 por ciento registrado hace una década. No se puede ignorar que este auge coincide con un momento en el que la juventud busca una reafirmación de la identidad tradicional. La plaza se ha convertido en un espacio de resistencia cultural y pertenencia para una generación que, lejos de dar la espalda a sus raíces, parece decidida a reivindicarlas. Adrián Naharro. Madrid
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