Cope Zaragoza
Esta semana se ha cumplido un año del apagón, aquel histórico día en el que España se fundió a negro y no como el de las películas, más inquietante y terrorífico para algunos. El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, en España saltaron todas las alarmas cuando el suministro eléctrico dejó de funcionar dejando a un país entero sin luz, afectando también a los países vecinos Francia y Portugal. Un día que demostró la fragilidad de nuestra vida digital. Sin luz, internet ni móviles con batería, la sociedad recurrió a un aparato casi olvidado: la radio. Porque la radio no dejó de emitir, no dejó de funcionar, si acaso unos escasos segundos, el tiempo justo en el que los alternadores de emergencia se pusieron a funcionar para que los ciudadanos pudiéramos estar informados de lo que ocurría. La luz roja de la radio permaneció encendida mientras el apagón sumía en un caos a nuestro país. Según la Asociación Española de Radio Comercial, unos 22 millones de ciudadanos se informaron a través de las ondas durante esa jornada, convirtiendo los transistores en un nexo de unión y en la voz que iluminó la oscuridad. Este resurgir de la radio ha sido analizado esta semana en ‘La Tarde’ de COPE, con Javier Pérez Moiño, coleccionista de radios antiguas con más de 1.000 aparatos. Pérez Moiño, que junto a su mujer dirige Radio Experto, un taller de reparación de equipos clásicos, ha confirmado el renovado interés por estos dispositivos. "Desde el apagón, mucha gente vino con radios que tenía en casa, de pilas, radios buenas, pero que llevaban tiempo sin funcionar", explica. El taller de Pérez Moiño tiene lista de espera de varios meses, una demanda que ya existía pero que el apagón ha disparado. Según el coleccionista, la gente busca recuperar aparatos por un vínculo sentimental: "Normalmente, la gente lleva, pues, las radios que son, que tienen una nostalgia para ellos, la radio de su abuela, la radio que tenían en su casa desde hace años". Además, destaca que el regreso del vinilo también impulsa la reparación de antiguos tocadiscos integrados en consolas. Javier Pérez Moiño ha presentado en el estudio de 'La Tarde' tres joyas de su colección. La más especial, por su valor sentimental, es la radio que su propio padre construyó en Orense en los años 50 porque no podía comprar una. Se trata de un pequeño aparato de madera con el dial escrito a mano, un chasis hecho por un herrero y cinco válvulas. En aquella época, una radio podía costar el equivalente a tres salarios mensuales. Para Pérez Moiño, este aparato es el origen de su pasión y de su negocio. El momento más emocionante fue cuando, tras encontrarla y repararla, su padre pudo volver a escucharla un año antes de fallecer. "Mi padre vio la radio funcionando, pues, como un año antes de fallecer, y lo fue muy emocionante. A partir de ahí dijimos, esto tiene un motivo, y al final, de ahí salió Radioexperto", ha relatado. Otra de las piezas mostradas es la ‘Volksempfänger’, conocida como "la radio del pueblo" de la Alemania nazi por la que se difundía propaganda del régimen. Idea desarrollada por Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich. Uno de los objetivos del régimen era fabricar una radio que "fuera muy barata" para que todo el mundo se lo pudiera permitir, cuenta Javier, subrayando que la vendía a mitad de precio y que se llegaron a vender "7 millones". Y el otro de los objetivos era que esa radio no "pudiera captar emisoras extranjeras" convirtiéndose en una poderosa herramienta de propaganda. De ahí que se fabricara de baquelita "con un altavoz central grande, debajo la zona de sintonización y con solo tres válvulas". La 'Volksempfänger' es una radio cuadrada de color madera oscura que en la parte de atrás lleva un águila y el símbolo de la esvástica. A pesar de su siniestro origen, Pérez Moiño valora su durabilidad. "No es como ahora que compras un móvil y te dura 3 años, estas radios pueden volver a funcionar", afirma. Como curiosidad histórica, ha contado que, al empezar la guerra, la BBC multiplicó por diez su señal para lograr que sus emisiones llegaran incluso a estos aparatos limitados, en un intento por romper el bloqueo informativo. La tercera radio transporta a los oyentes a Pittsburgh en 1920, a los albores de la radiodifusión comercial con la emisora KDKA. El aparato, una simple caja, y al abrirla "en la parte superior puedes ver una sola válvula y una serie de mecanismos para activarla y para enchufar los auriculares, porque esta radio solo se podía escuchar con auriculares", explica Pérez Moiño. Su origen se debe a Frank Conrad, un empleado de Westinghouse que, mientras hacía pruebas con la radio que por aquel entonces se utilizaba para el Ejército, para comunicar con un barco... , empezó a poner música y a recibir peticiones de los oyentes, convirtiéndose en el primer DJ de la historia. Su jefe vio el potencial y así nació la primera emisora comercial, cuya primera retransmisión fue el resultado de unas elecciones americanas. Este hito dio comienzo a la fabricación de aparatos de radio para el consumo masivo. Aurora Carmona, propietaria de la tienda de electrónica Chandra en Madrid, ha corroborado en el programa que el día del apagón vivió su mejor jornada en décadas, con colas que "daban la vuelta a la manzana" para comprar radios y pilas. De aquella jornada histórica recuerda Carmona cuando los jóvenes le preguntaban "cómo funcionaba" una radio y que, desde entonces, el perfil del comprador ha rejuvenecido. Finalmente, Javier Pérez Moiño ha recomendado tener en casa una radio de los 90 de pilas para emergencias, que además permite escuchar la onda corta, "el Internet de hace años", y conectar con emisoras de todo el mundo
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