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El estrés crónico mantenido durante un par de años puede ser un detonante directo para el desarrollo de un cáncer. Así de contundente se muestra el doctor Pere Gascón, consultor sénior del servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic de Barcelona y uno de los mayores referentes en la investigación de esta enfermedad en España. El experto subraya que, aunque el diagnóstico sigue generando un gran temor, hoy la ciencia ha demostrado que una parte importante de la prevención y la lucha contra el tumor está en nuestras manos, a través de la gestión del estrés y la adopción de hábitos de vida saludables. El doctor Gascón advierte de que los ambientes tóxicos, ya sea en el trabajo o en la familia, generan un tipo de estrés nocivo (distrés) que, de manera sostenida, se convierte en un factor de alto riesgo. "Si una persona tiene un estrés, una persona a la que le han detectado un cáncer y está curada, le digo, si no sales de un ambiente tóxico, recaerás sí o sí. Estás jugando con fuego", afirma. Esta advertencia se basa en la evidencia clínica acumulada durante décadas. Una de las claves para entender cómo actúa el cáncer es comprender su relación directa con la inflamación. Gascón explica que, cuando un pequeño tumor empieza a crecer, comprime las células de su alrededor, que responden liberando sustancias inflamatorias como señal de alarma. El cuerpo reacciona enviando glóbulos blancos para combatir lo que interpreta como una agresión, pero estas defensas no están programadas para atacar a las células propias, que es lo que son las células cancerosas. Este estado de inflamación crónica no solo no resuelve el problema, sino que lo agrava. "La inflamación hace que el cáncer crezca", sentencia el oncólogo. Lo más sorprendente es que, si esta situación se prolonga, algunas células del sistema inmunitario, como los macrófagos, "cambian de bando" y empiezan a colaborar con el tumor, liberando sustancias que lo ayudan a progresar en un círculo vicioso que acelera la enfermedad. Frente a esta realidad, el doctor Gascón insiste en que tenemos un gran poder de control a través de nuestros hábitos. Fumar, por ejemplo, es una de las principales causas de inflamación crónica en los bronquios y está detrás del 85% de los cánceres de pulmón. Del mismo modo, una mala alimentación, rica en azúcares y grasas saturadas, contribuye a un estado inflamatorio general en el cuerpo que puede favorecer la aparición de tumores como el de colon, mama, endometrio y ovario. Por el contrario, hábitos como caminar a paso ligero a diario, realizar entrenamiento de fuerza o, fundamentalmente, garantizar un sueño reparador, son herramientas potentísimas para la prevención. Gascón destaca la importancia de dormir bien para que el cerebro se recupere, recomendando cenar ligero y temprano y evitar las pantallas antes de acostarse para favorecer la producción de melatonina, la hormona del sueño. A pesar del aumento de casos en gente joven, que el doctor atribuye al estrés de la vida moderna y a los malos hábitos, el mensaje es esperanzador. Los avances en diagnóstico precoz y tratamientos como la inmunoterapia han cambiado radicalmente el pronóstico de tumores antes letales, como el melanoma. "Hoy mucha gente se cura, y hay posibilidades de curación", señala Gascón, recordando que en España se ha pasado del "código de silencio", donde no se nombraba la enfermedad, a una sociedad concienciada que acude al médico y permite detectar los tumores a tiempo. Actualmente, según datos del sector, alrededor de un 57% de las personas con cáncer en la sociedad industrializada logran curarse, una cifra que en el cáncer de mama asciende a más del 75%. Estos datos, impensables hace 40 años, demuestran el progreso de la oncología y refuerzan la idea de que, aunque el camino es largo, la ciencia y un estilo de vida consciente son los mejores aliados en la lucha contra el cáncer.
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