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Cercadillo, la pequeña Galia de Guadalajara contra el gigante minero que amenaza el entorno natural de la zona | Collector
Cercadillo, la pequeña Galia de Guadalajara contra el gigante minero que amenaza el entorno natural de la zona
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Cercadillo, la pequeña Galia de Guadalajara contra el gigante minero que amenaza el entorno natural de la zona

Han sido pocas las veces en las que un pequeño pueblo ha alzado la voz con tanta contundencia como Cercadillo. Esta pedanía de Sigüenza, enclavada en la Sierra Norte de Guadalajara, ha decidido resistir a un proyecto de investigación minera que, según sus vecinos, amenaza con transformar de forma irreversible un entorno natural único en Castilla-La Mancha. El proyecto JARA, promovido por la empresa Oroberia, ha planteado una serie de sondeos y estudios para localizar recursos minerales —especialmente oro— en una amplia superficie que abarca varios municipios de la provincia. La iniciativa ha defendido que estas actuaciones no tendrían una afección significativa sobre el medio ambiente. Sin embargo, la percepción en Cercadillo ha sido radicalmente opuesta. Las alegaciones presentadas por los vecinos han descrito un escenario muy distinto. El área afectada se ha considerado un enclave de altísimo valor ecológico, con más de 5.200 hectáreas de hábitats de interés comunitario y hasta 18 tipos diferentes de ecosistemas, algunos de ellos prioritarios. Se trata de un territorio que ha albergado bosques de ribera, brezales, pastizales naturales y especies protegidas, muchas de ellas prácticamente únicas en la región. La preocupación principal ha girado en torno al carácter irreversible del impacto. La actividad minera a cielo abierto —aunque en fase de investigación— ha sido señalada como una amenaza directa para la flora, capaz de modificarla o eliminarla de forma permanente . A ello se ha sumado el riesgo de fragmentación del ecosistema, clave para la conectividad entre la Sierra Norte y la campiña del Henares. Pero el conflicto no se ha limitado al plano ambiental. Cercadillo ha advertido también de las consecuencias económicas y sociales. Su modelo de subsistencia, basado en gran medida en un coto de caza que financia servicios básicos y mantenimiento del pueblo, podría desaparecer si la fauna se ve obligada a abandonar la zona por la actividad de los sondeos . La propia viabilidad del núcleo rural ha quedado en entredicho, con los vecinos alertando de una posible “ruina” económica, material y poblacional. A esta preocupación se ha sumado un elemento clave: el agua. El sistema de abastecimiento de Cercadillo depende directamente de acuíferos locales que podrían verse alterados por las catas y perforaciones previstas en el proyecto. Los vecinos han advertido de que estas actuaciones podrían afectar tanto a la calidad del agua como a su propia disponibilidad, ya sea por contaminación derivada de los trabajos o por la alteración de los flujos subterráneos. Incluso se ha señalado el riesgo de desvío de las canalizaciones naturales, lo que comprometería el suministro de agua potable para el consumo humano, un recurso esencial para la supervivencia del pueblo. A esto se ha añadido la amenaza sobre el patrimonio cultural. El proyecto ha afectado a un territorio que conserva arquitectura tradicional, caminos históricos y enclaves vinculados al Camino del Cid, además de situarse en el entorno de Atienza y Sigüenza, zonas de alto valor histórico . La falta de estudios arqueológicos exhaustivos ha incrementado la preocupación por posibles daños irreparables. En paralelo, los recursos administrativos han cuestionado la falta de concreción del proyecto, señalando que no se han definido con precisión las áreas afectadas ni se han evaluado de forma conjunta los impactos acumulados Cercadillo ha convertido su oposición en un símbolo de resistencia rural. Como una pequeña aldea gala frente a un modelo extractivo que perciben como una amenaza, sus vecinos han defendido no solo su forma de vida, sino un ecosistema, un patrimonio y un recurso tan básico como el agua. En un momento en el que el equilibrio entre desarrollo y conservación vuelve a estar en debate, este rincón de Guadalajara ha recordado que hay territorios donde perder la naturaleza —y sus fuentes de vida— no es una opción.

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