Diario de Noticias
Si perforamos la Plaza de San José, podremos oír su respiración. Debajo de esa plaza, que un tal Vidaurre quiere colonizar a golpe de hostelería vintage, se ubicó un poblado vascón de origen prerromano. Quizá esto a él le importe una mierda. Pero ese poblado atesora un secreto subterráneo. El silencio. Un silencio que cura el desánimo y la ansiedad. El silencio de una plaza que no ha soltado la cuerda de la historia. Como un espacio sin domesticar.
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