ABC
Definitivamente, la letra de 'Duro de pelar' estaba equivocada: aquí, la verdadera 'dura de pelar' es Rebeca, que no se rinde y sigue al pie del cañón como musa de la música 'dance': «Me hace ilusión celebrar 30 años en los que he hecho bailar y cantar a tres generaciones que han crecido conmigo, se han enamorado conmigo y han salido de fiesta conmigo. Sigo en esta profesión por ellos». Ahora, ese himno de los 90 regresa con un 'remix' en el que colaboran Dany BPM y Sofía Cristo: «Somos tres amigos unidos por los conciertos 'revival' y por las ganas de celebrar el aniversario de una canción que, casi por casualidad, me dio la oportunidad de comenzar mi carrera a lo grande». No se le subió el éxito a la cabeza porque «lo llevé de manera natural, tal vez por venir de una familia de artistas, desde mi madre, la cantante Franciska, a mi primo, Benicio del Toro. Pero fue un éxtasis, una etapa de bolos multitudinarios, colas para firmar discos, autógrafos sin parar, una locura». Como no vive en el pasado, mira al futuro con esperanzas y disco nuevo. Este mes lanza 'Apágame la lluvia': «Es música 'dance' dramática, porque cuenta una historia, no se queda en un tema vacío con una coreografía ñoña». A Rebeca le va la marcha: «Tengo mucho morro y lo que no tengo es vergüenza». Si 'Duro de pelar' alcanzó el estatus de himno, la revelación de cómo Fran Rivera la trataba en la intimidad («Me llamaba 'Cerecita' porque le encantaban mis pechos y decía que parecían cerezas») ya es historia de España: «Tengo un gran recuerdo de él, fue algo real el tiempo que duró. Si él se lo tomó a mal, qué le vamos a hacer, ya me conocía. Luego me llamaron oportunista por la canción 'Matador', pero es que yo soy de ponerle música a todo, a lo bueno y a lo malo». Reconoce que su lado positivo es «mi don de gentes y mi simpatía, además de ser una buena hija». En la balanza, lo negativo sería «el carácter dominante, el pronto malísimo que tengo, mi tendencia a discutir, porque no me callo nada. No tengo paciencia y no le doy la razón a nadie». Hubo un tiempo en que se consideraba soñadora, «pero ahora más en el presente, en el día a día, sin aspirar a que ocurra nada extraordinario. Me he vuelto más realista». Para burlar el aburrimiento, se entrega a los caprichos: «Cuando me los puedo permitir, porque también sé esperar. Pero tengo una debilidad. No es la ropa, que me gusta mucho, sino los perfumes. Los colecciono. Dulces, avainillados, intensos… No he terminado uno y ya me compro otro». Lo que no puede disimular es que está enamorada hasta las trancas: «Llevo 6 años con Marco y vamos abrazados por la calle, pasamos mucho tiempo juntos, discutimos, reímos… Marco es tan bueno, monísimo y con buen coco. Tenemos mucho en común, por eso es mi mejor amigo, mi mejor amante, mi amor, mi vida. No creo que nadie me haya querido tanto y no creo que nadie me vaya a querer tanto como él. He tenido mucha suerte». Su chico tiene dos hijos, mellizos, a los que Rebeca adora: «Si nos hubiéramos conocido antes, habría podido ser su madre. O, al menos, habría tenido un vinculo más profundo con ellos, porque ahora están en la adolescencia y, por mis giras, no me puedo sentar a charlar y pasar todo el tiempo que quisiera. Ahora entiendo el sacrificio de los padres, lo que se debe sufrir como madre. En cierto modo es un alivio». Rebeca desconecta del mundo «en una playa, mirando al horizonte. O viajando de copiloto, escuchando música en el coche. Pero lo que más me gusta en el mundo es dormir por la noche abrazada a mi chico». Aunque, ¡sorpresa!, en la cama son tres: «Es que no me acuesto sin Kenzo, mi chihuahua, que no se separa de mí, va conmigo a todas partes y, como es tan pequeñito, es mi bebé. La gente no lo entiende, pero para alguien como yo que no ha sido madre, el amor incondicional de una mascota es el sentimiento más puro que se puede tener hacia otro ser vivo. No es comparable a un hijo, lo sé, pero es lo que siento cuando lo tengo conmigo. Kenzo me salva la vida. Ahora estoy pensando en tener otro, porque aunque sea muy territorial, le vendrá bien tener un hermanito para jugar». El emoji que más usa: «El corazón rojo. Lo uso mucho con mi chico, sobre todo a ciertas horas, cuando coinciden horas y minutos. Es una forma de acordarnos el uno del otro». Se haría un selfi con: «Lady Gaga, Mónica Naranjo, Beyoncé… Con cualquier artista que admire. No suelo molestar, me da vergüenza pedirlos y a veces me tienen que animar a dar el paso». Un momento 'Tierra, trágame': «Actuando en Granada, me equivoqué y dije Almería. A la tercera, el público me pitaba para corregirme y me lancé a cantar 'Granada, tierra llorada por mí' para disculparme». Un sacrificio por la fama: «Más que nada por mi carrera sacrifiqué formar una familia. Seguramente habría tenido hijos, pero renuncié a ellos». Algo que no puede faltar en su día a día: «Algo de chocolate». Un lugar para perderse: «Menorca». Tiene miedo a: «la muerte, a perder a mis seres queridos, a hacerme mayor… Cosas de la edad, supongo». Su primer beso: «Fue muy rápido, con un chico de la pandilla, en un parque. Yo era una cría, así que estaba muy nerviosa. Me sentí mayor en ese momento». Un propósito que nunca cumple: «Adelgazar, aunque ahora, como lo he conseguido, me toca ordenar la casa. Voy acumulando cosas, pensando que un día las usaré para algo. Tengo que deshacerme de todo». Dentro de diez años se ve: «Antes era optimista, ahora pienso que me veré muy cascada. ¡Serán 40 años en la profesión! Espero ir al Festival de Eurovisión, ya sea como cantante o como compositora, aunque eso ya lo hice en 2007». La pequeña Rebeca: «Era muy simpática, muy habladora, me costaba concentrarme en clase. Aunque pasaba más tiempo expulsada que en clase, la verdad. Era muy feliz y alegre, siempre cantando y bailando. Tenía muchas amiguitas, pero reconozco que era un poco mandona, como buena Escorpio».
Go to News Site