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La odisea de Sandra para mantener sola a sus dos hijos y su madre: «Si no estoy bien, ¿cómo los voy a ayudar a ellos?» | Collector
La odisea de Sandra para mantener sola a sus dos hijos y su madre: «Si no estoy bien, ¿cómo los voy a ayudar a ellos?»
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La odisea de Sandra para mantener sola a sus dos hijos y su madre: «Si no estoy bien, ¿cómo los voy a ayudar a ellos?»

Sandra llegó a España, a finales de 2016, con su niño pequeño de la mano. Lo que no sabía es que, además, con ellos, venía una niña más. «Estaba embarazada de semanas», recuerda hoy. Desde su Colombia natal aquella joven había decidido hacer las maletas por pura necesidad de supervivencia -«vivía en una zona muy peligrosa»- y probar suerte en Bilbao animada por su hermano que ya vivía aquí. Aun así, a pesar de tener ese apoyo familiar, al principio todo se le hizo muy cuesta arriba. De intentar conseguir papeles a escolarizar al niño: «Me cansé de entregar papeles. Me topé con demasiadas personas que no tuvieron ni la delicadeza de abrir las carpetas», cuenta ahora. Llegó a decir: «No puedo más». Pero eso, lo sabe Sandra, no es algo que pueda permitirse una madre: «Yo, yo, yo. Para todo yo». Fue en ese momento más bajo cuando apareció, dice ella, su ángel. Zaloa de la Dehesa, educadora social de la asociación Gure Lurra, en la que Sandra, que da gracias ahora por ello, aterrizó muy recién llegada a Bilbao. Hoy, casi una década después, reconoce que el camino recorrido no ha sido fácil, pero ha merecido la pena. Todo gracias a la ayuda que encontró en Gure Lurra, bajo el paraguas del proyecto CaixaProinfancia de Fundación «La Caixa» . A su ayuda y a su propio esfuerzo, recuerda Zaloa de la Dehesa. Porque esta madre soltera y migrante, que comenzó entonces a ver la luz, a ganarse el pan y los papeles, es hoy un ejemplo de cómo superar obstáculos desde la vulnerabilidad. «Al mes de nacer la niña, empecé a trabajar de limpiadora, en una empresa gracias a la que conseguí los papeles». Con el tiempo, su madre, la abuela de sus hijos, vino también a España. Faltaban algunos flecos, como que su hijo consiguiera los papeles. Pero el padre, que se había desentendido de él, no quería firmar: «Me pidió dinero, se lo envié, pero no firmó», relata Sandra. Con ayuda de Gure Lurra, Camilo logró terminar la ESO y empezar un grado medio. «Camilo, gracias al apoyo constante de su madre, es un ejemplo de superación, compromiso y madurez», señalan desde CaixaProinfancia. El año pasado, la abuela, de 69 años, tuvo que ser hospitalizada por un cáncer. Ha vuelto a casa hace poco. La logística ha cambiado. «Ahora necesito que el chico me cubra horarios: visitas de médicos, comidas… Me tiene que ayudar para que yo pueda con todo», dice Sandra. «A veces me canso, me siento como ahogada, luego descubro que tengo una gran fuerza mental. Me repito todo el tiempo una frase: 'Si no estoy bien, ¿cómo los voy a ayudar a ellos'». A desarrollar esa fuerza mental, a «empoderarse», le han ayudado en Gure Lurra todos estos años. Porque el programa no interviene sólo con menores, sino también con los padres. Así, las madres con pocos recursos como Sandra, señalan desde CaixaProinfancia, «pueden construir un camino incluso en las circunstancias más difíciles, afrontando momentos duros, situaciones de vulnerabilidad y de mucha soledad». «Dentro de este programa se apoya a familias que están en situación de vulnerabilidad con ciertas ayudas que son sobre todo enfocadas al tiempo libre y a lo académico», recuerda Zaloa de la Dehesa, con 37 años, lleva 15 en la Asociación Gure Lurra que trabaja en el barrio de Zorrotza, Bilbao. La asociación, que recuerda que es una entidad de barrio, trabaja en red con otras asociaciones y con variedad de profesionales. La educadora social asegura que aprende mucho de las familias con las que trabaja. «Es un trabajo a veces duro, pero bueno, tiene su parte bonita también». A la pregunta de si se lleva los problemas del trabajo a su casa, no duda: «Sí, sí, pues claro, claro. A ver, pues con los años vas aprendiendo también. A cuidarnos, a autocuidarnos nosotros porque al final a nosotros también nos afecta. Somos profesionales y personas a la vez». Por eso, Zaloa habla más que orgullosa de Sandra y su familia. De una mujer que ha logrado vencer todos los escollos de la vulnerabilidad y sentirse fuerte llevando sobre sus hombros el peso de una familia monoparental. Y todo eso, recuerda Zaloa, mezclado con los problemas de la sociedad actual, como el alto precio de la vivienda. «Un sueldo -el de Sandra en este caso- para toda una familia», recalca. La familia de Sandra y Camilo es una de las 43.000 familias de toda España a las que atiende el programa CaixaProinfancia de la Fundación «La Caixa». Son hogares que afrontan situaciones de vulnerabilidad a las que se les ofrece apoyo educativo, social y familiar. El objetivo es «que la falta de recursos no limite sus oportunidades». Más del 50% de estos núcleos son familias monoparentales. Y, además, «más de la mitad de los padres y madres se encuentran en situación de desempleo, muchos de ellos sin recibir prestaciones de ayuda», desgranan. Entre los padres y madres que forman parte del programa, una mayoría cuentan con un nivel educativo bajo o muy bajo. Por ello, CaixaProinfancia no interviene únicamente con los menores, sino que actúa también sobre el entorno familiar, reforzando competencias parentales y facilitando recursos que contribuyen a mejorar la estabilidad y el bienestar del conjunto de la familia.

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