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Vox impone su marco al PP en Castilla y León y lo fuerza a moverse en su terreno en plena campaña andaluza
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Vox impone su marco al PP en Castilla y León y lo fuerza a moverse en su terreno en plena campaña andaluza

Alfonso Fernández Mañueco tuvo una campaña más tranquila que sus compañeros de Aragón y Extremadura. Con su flema, parsimonia y costumbre de no exponerse a preguntas de la prensa, logró que no se lo fagocitaran los temas nacionales y defendió con más éxito del pronosticado el gran territorio popular , la única comunidad sin alternancia política en 40 años , ante un Vox que pinchó sobre sus propias expectativas. Prometió entonces que para él la negociación sería diferente, que la ultraderecha tendría que pivotar sobre el programa del PP y no al revés , pero Santiago Abascal, desde su ahora ruta infatigable por Andalucía, le deja claro que el menú es igual para todos . Y lo comes o lo dejas. En un mitin reciente en Huelva, el líder de Vox aprovechó para recuperar su reproche insistente durante la campaña electoral en Castilla y León: que Mañueco, el nada polémico Mañueco, había sorprendido a todos en el primer debate lanzándole al candidato Carlos Pollán un dardo inusual: que su partido quería “tirar gente [migrantes] al mar” . Y que esa “infamia”, repitió en cada mitin y canutazo Abascal, no la podía aceptar Vox, el mismo partido que abandonó el Gobierno de coalición con argumentos como este, en palabras del entonces vicepresidente Juan García-Gallardo: "No queremos que Castilla y León se convierta en Francia, que sus barrios humildes acaben como los barrios del extrarradio de París […] Estamos a tiempo de corregir esto en Castilla y León, no estamos condenados a la islamización". Abascal se pasó toda la campaña a partir de esa frase inesperada de Mañueco subiéndole el precio: le exigía una disculpa pública para poder pensar en negociar juntos, le venía a decir que se acabaría comiendo esas palabras. Y ese menú, importado de Francia, tenía un nombre que se repetía constantemente en campaña antes de colocarse como un tema principal en el debate público español: “prioridad nacional” . Cuando los periodistas le preguntaron por esto en la celebración del Día de Castilla y León en Villalar el 23 de abril , Mañueco se limitó a decir al respecto: "Hablaremos de ese proyecto cuando se concrete y cuando se firme. Lo explicaremos, no se preocupen ustedes, con todo detalle". La negociación de Castilla y León queda por el camino, pero el premio gordo se juega en Andalucía. El Partido Popular se conjura ahora para hacer todo lo posible por que los pactos en otras autonomías no perjudiquen las aspiraciones de Juanma Moreno, especialmente por el flanco más moderado. En Vox ya han activado la batería de reproches ante la expectativa de que el pacto en Castilla y León, que según ellos se podría hacer en 24 horas, quede para después de la campaña andaluza con el objetivo proteger a Moreno. La ultraderecha, al contrario, no deja pasar la ocasión de usar el debate sobre la negociación en Castilla y León para marcar la hoja de ruta en Andalucía y recordar que apretarán al máximo en el tema migratorio, donde ya han conseguido arrastrar al PP a posiciones muy incómodas, incluso para la madrileña Isabel Díaz Ayuso . La inmigración fue el tema de mayor choque entre Mañueco y Abascal (y el candidato que apenas lo parecía, Pollán) en la campaña de Castilla y León. El popular defendió, como había hecho anteriormente en las Cortes tras la espantada de Vox de los gobiernos autonómicos, que la comunidad recibe de buen grado a todo el que llegue “a trabajar”. “Somos una tierra de emigrantes, no lo olvide nunca, y somos tierra de acogida, de integración y oportunidades para los que quieran venir a trabajar, lo éramos cuando formaban parte de este Gobierno y lo somos ahora”, le decía a la bancada de Vox el Mañueco de marzo de 2025, quien, ante la excusa de Vox para romper por el reparto de menores no acompañados, recordaba a la ultraderecha que el punto dos de su pacto de Gobierno era promover la solidaridad entre las comunidades y ciudades autónomas. “Canarias y Ceuta son comunidades y ciudades autónomas de España, somos solidarios con España”, remachaba. Para el presidente de la Junta no será cómodo explicar por qué asume, como todo pronostica que le tocará, el concepto de “prioridad nacional” impuesto por el partido al que reprochó querer tirar migrantes al mar. Y, sobre todo, cuando la comunidad y sus gobiernos autonómicos, provinciales y locales bracean desesperadamente contra la despoblación crónica en una de las regiones más envejecidas de Europa. Capitales de provincia en el epicentro de esa despoblación, como Zamora, solo han logrado revertir las caídas abismales (bajar, en este caso, de los 60.000 habitantes) gracias a la llegada de población extranjera, como tienen bien analizado los ayuntamientos. Mañueco reconoce esta conveniencia por un lado, al tiempo que hace malabares para no dejar de criticar la política de apertura del Gobierno. De hecho, la Junta ya ha anunciado que recurrirá la regularización extraordinaria de inmigrantes promovida por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Mañueco ha puesto en marcha en los últimos años ayudas directas, aunque insuficientes, para favorecer el retorno de los emigrados de la comunidad, con un ‘Pasaporte de vuelta’ para que regresen del extranjero o de otras autonomías. Si se aplicara en Castilla y León la ‘Prioridad nacional’, podría ocurrir que un nacido en la comunidad y residente en otra autonomía pueda optar a este tipo de apoyos al llevar al menos dos años empadronado fuera, mientras por esa misma razón —no haber estado empadronado en Castilla y León los últimos diez años— estaría fuera de las ayudas para el acceso a la vivienda. Vox ya ha dejado claro que no hará excepciones ni con Castilla y León ni con Andalucía: la “prioridad nacional”, como ocurre con su programa electoral, es un calco para todos. Y tratan de zafarse de los reparos que expresan desde el PP mientras van firmándolo en pactos uno detrás de otro: "Qué cosa más estúpida esa de demonizarnos y por lo tanto demonizarse a sí mismos", afirmó Abascal, seguro de que todos los dirigentes populares tendrán que pasar por el aro de su marco una vez más.

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