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Ana Velasco, historiadora: "Los primeros intentos de lobotomía fueron con un picahielos; te dejaban frito con electroshock y luego ya procedían a introducir el picahielos por el ojo" | Collector
Ana Velasco, historiadora:
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Ana Velasco, historiadora: "Los primeros intentos de lobotomía fueron con un picahielos; te dejaban frito con electroshock y luego ya procedían a introducir el picahielos por el ojo"

La historiadora y experta en Historia del Arte, Ana Velasco, ha explicado en ‘Curiosidades de la Historia’, el origen de la lobotomía, una atroz operación quirúrgica que, pese a su brutalidad, fue considerada una revolución médica. El procedimiento consistía básicamente en "meterte un picahielos por la cuenca del ojo y llegar al cerebro, y quitarte un trocito de cerebro donde tenemos todas las emociones y lo que nos hace humanos". Con ello, ha señalado, "se tranquilizaba la gente". La técnica original, denominada leucotomía prefrontal, fue desarrollada en 1935 por el neurólogo portugués António Egas Moniz. A pesar de ser un procedimiento más sofisticado que la lobotomía popularizada después, su creación le valió el Premio Nobel de Medicina en 1949. Sin embargo, la versión que se hizo tristemente famosa fue la lobotomía transorbital, inventada por el psiquiatra estadounidense Walter Freeman en 1945. Los primeros intentos de Freeman se realizaron, literalmente, con un picahielos. Velasco ha descrito la operación como "una carnicería". Para llevarla a cabo, primero se aplicaba electroshock para dejar inconsciente al paciente, ya que Freeman defendía que se podía realizar sin anestesia general. Luego, se levantaba el párpado, se introducía un instrumento llamado orbitoclast (una versión del picahielos con un martillo) entre el globo ocular y el hueso, y se golpeaba para atravesar la fina capa ósea. Una vez dentro, se movía para seccionar las fibras prefrontales del cerebro. El procedimiento se detenía cuando el paciente dejaba de responder a preguntas o de recitar algo. Aunque hoy parece una salvajada, en los estándares éticos de 1940 se consideró que la lobotomía "funcionaba" en cierta manera. Las primeras investigaciones sugerían que un tercio de los pacientes mejoraba, un tercio no experimentaba cambios y otro tercio empeoraba. Su principal "éxito" era calmar a enfermos con problemas psiquiátricos graves, como psicosis, ya que "dejaban de ser violentos, dejaban de ser agresivos", facilitando su manejo en centros psiquiátricos. El resultado para muchos era devastador. Según ha explicado la historiadora, "básicamente, la gente se quedaba ausente o vegetal". Los pacientes perdían su autonomía y quedaban en un estado similar al de un bebé, sin capacidad para valerse por sí mismos. Entre 70.000 y 100.000 personas fueron lobotomizadas, y Freeman llegó a crear un "lobotomóvil", una furgoneta con un quirófano para realizar el procedimiento de diez minutos por todo Estados Unidos. Uno de los casos más notorios fue el de Rosemary Kennedy, hermana del presidente John F. Kennedy. En 1941, su padre autorizó la operación sin el consentimiento del resto de la familia. Rosemary, que tenía una discapacidad intelectual leve y posiblemente un trastorno bipolar, fue sometida a la lobotomía porque su padre consideraba "intolerable" que saliera por la noche, creyendo que desprestigiaba el apellido Kennedy. La intervención la transformó de una joven con cierta autonomía, que incluso competía en natación, en "un vegetal", según Velasco. Perdió la capacidad de habla, el control de los esfínteres y tuvo que ser internada con unas monjas durante 55 años. Este caso, junto a otros, provocó que las lobotomías entraran en declive. El fin de la lobotomía llegó progresivamente. En 1952 se introdujo el primer gran antipsicótico eficaz, una alternativa farmacológica mucho menos invasiva. La carrera de Walter Freeman terminó en 1967, cuando se le prohibió operar tras la muerte de una paciente, Helen Mortensen, en su tercera lobotomía. En la década de los 70, la práctica ya se había abandonado casi por completo. Como precedente histórico, Velasco ha mencionado la "piedra de la locura", un timo de la Edad Media en el que falsos cirujanos fingían extraer una piedra del cráneo para curar la locura. Esto contrasta con las trepanaciones prehistóricas, cirugías reales con más de un 70% de supervivencia que se realizaban para tratar traumatismos o epilepsia, demostrando que la intervención en el cráneo ha existido desde hace miles de años, aunque con fines y resultados muy diferentes.

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