Cope Zaragoza
La proliferación de supermercados 24 horas en el centro de Barcelona ha encendido todas las alarmas en el sector del comercio local. La asociación que agrupa los principales ejes comerciales de la ciudad, Barcelona Oberta, ha manifestado su profunda "preocupación" por un fenómeno que amenaza el modelo de negocio tradicional. Su directora general, Elvira García, advierte de que estos establecimientos, que se expanden por zonas tan emblemáticas como la Gran Vía o la Rambla de Catalunya, suponen un grave riesgo para el tejido comercial de calidad que siempre ha caracterizado a la capital catalana. García explica que, aunque existe una normativa, el Plan de Usos, que busca regular la apertura de determinados negocios para evitar la saturación, estos establecimientos encuentran la manera de sortearla. "Las normativas están para incumplirlas o para saltárselas", lamenta, sugiriendo que estos negocios podrían estar "engañando a la administración" al solicitar una licencia para una actividad y ejercer otra distinta. Por ello, desde Barcelona Oberta exigen saber "cuántas inspecciones se han hecho, qué sanciones se han impuesto y si se han cobrado". La sensación entre los comerciantes tradicionales es de una cierta indefensión y permisividad por parte de las autoridades. "A nosotros, como ejes, nos llegan sanciones por cosas muy del día a día", contrapone García, quien señala la falta de acciones contundentes contra estos locales 24 horas. Aunque la administración ha llegado a alegar "falta de personal" para realizar inspecciones, la patronal insiste en que se podrían explorar otras vías, como el incumplimiento de normativas en "temas laborales, de iluminación o de ocupación de la vía pública", que también podrían acarrear sanciones. La falta de contundencia es evidente, según la directora de Barcelona Oberta. "De hecho, no se han cerrado; solo se ha clausurado un super 24 horas", afirma, en referencia a un local cerrado el pasado agosto. Una posterior modificación normativa prohíbe abrir estos locales en edificios patrimoniales, pero García lo considera un parche menor, ya que en el centro de Barcelona "toda la arquitectura es patrimonial", por lo que la medida tiene escaso efecto práctico para evitar nuevas aperturas en otro tipo de locales. Lo más alarmante para la asociación es que este fenómeno se concentra en calles con "un alto valor comercial". La presencia de estos negocios, a menudo vacíos o con escasa clientela, está provocando una "degradación" de las zonas comerciales más cotizadas. Desde Barcelona Oberta no logran explicarse qué está ocurriendo, y García llega a deslizar que "hay alguna cosa oscura", aunque admite no tener pruebas. Lo que sí constatan es que "la proliferación de este tipo de establecimientos perjudica a los negocios de toda la vida". Este cambio en el paisaje comercial tiene una consecuencia directa en el perfil de visitante que atrae la zona. "Si cambias la oferta y no la controlas, llegan otros tipos de visitantes", explica la directora de Barcelona Oberta. Un eje comercial pierde su atractivo cuando la oferta se altera sin control. "Si tú quieres ir de 'shopping', no te vas a una zona donde ya hay este tipo de establecimientos", argumenta. Esta situación afecta a la identidad de calles icónicas y perjudica la inversión que grandes marcas han realizado para posicionarse en estos enclaves. La degradación es especialmente visible en el tramo de la Gran Vía y la Rambla de Catalunya más cercano a la Plaça de Catalunya, una zona con "marcas muy potentes" y "negocios espectaculares de toda la vida". Según García, esta área está sufriendo una "merma de clientes" porque el entorno se está deteriorando, lo que contrasta con la vitalidad comercial de otros tramos de las mismas vías, como la parte de Rambla de Catalunya más próxima a la Diagonal. Aunque se trata de zonas con pocos residentes, las quejas son una constante. "Nadie quiere debajo de su casa un establecimiento que funcione 24 horas", sentencia García. El funcionamiento ininterrumpido de estos negocios genera malestar, sobre todo por el tipo de público que atraen a ciertas horas de la noche. Los vecinos que todavía resisten en el centro perciben una clara diferencia entre un supermercado de barrio y un local 24 horas, que a menudo se convierte en un foco de conflictos e inseguridad. En definitiva, Barcelona Oberta exige una respuesta firme y decidida por parte del Ayuntamiento de Barcelona. La asociación considera que el modelo actual de supermercados 24 horas es insostenible y está dañando gravemente la marca Barcelona asociada al comercio de calidad. La falta de inspección y la aparente facilidad con la que estos negocios operan en las zonas más valiosas de la ciudad representan un desafío que, de no abordarse, podría tener consecuencias irreversibles para el tejido urbano y económico del centro de Barcelona.
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