ABC
Arranca en las afueras de Granada, a 700 metros de altitud, y termina en la Hoya de la Mora, a 2.500. Un ascenso casi continuado que se prolonga durante 39,2 kilómetros y que, sobre todo los aficionados al ciclismo –a practicarlo y a verlo por la tele, que de todo hay- han podido ver más de una vez, porque el ascenso a Sierra Nevada es una etapa recurrente en la Vuelta a España . Se le considera la carretera más alta de Europa y desde luego lo habría sido de prosperar el plan inicial para el que fue trazada. En el punto en el que ahora termina hay un cuartel y, tras él, una valla que sólo permite el paso a vehículos a motor autorizados, y por supuesto a personas y ciclistas. Circulan por una especie de pista forestal que lleva hasta muy pocos metros –literalmente- de la cima del Veleta, que se sitúa a 3.394 metros. Eso iba a ser una carretera que, unos cientos de metros más adelante, en una zona que llaman los Tajos de la Virgen, descendería de forma abrupta hasta la Alpujarra, en concreto hasta el municipio de Trevélez, a más de 1.500 metros de altura. Eso no se hizo, como tampoco un parador de turismo en todo lo alto. Fueron proyectos más o menos faraónicos que no vieron la luz, por fortuna para el amenazado equilibrio ecológico de una zona que ahora cuenta con el mayor grado de protección ambiental : es un Parque Nacional. La carretera, cuya denominación oficial es la A-395, nace, como se ha dicho, en las afueras de la capital y su primer tramo es muy urbano: pasa por Lancha del Genil, barriada granadina que conserva restos de una antigua mina de oro y donde también se ubica una ermita consagrada a la Virgen de Fátima, y llega hasta la población de Cenes de la Vega, en la que los aficionados al esquí pueden alquilar y comprar material y que también es un buen lugar para reponer fuerzas, porque abundan los restaurantes. Sobre todo los asadores. A partir de ahí, toca subir. Y conforme se ascienda, si se hace en coche y si éste informa de la temperatura exterior, podrá notarse un efecto que en verano es muy placentero: se va bajando de grados conforme más arriba se está. La diferencia entre Granada y Pradollano, destino fundamental de quienes suben la A-395, puede ser de nueve grados, a veces hasta de doce. O sea, que si en la capital se está a 40, que en julio no es nada difícil, en la estación de esquí se disfrutarán de unos estupendos 28 grados. A esas alturas ya no hay nieve salvo en algunos lugares donde no da mucho el sol, las llamadas zonas umbrías, donde es posible encontrar por lo menos algo como para tirarse unas bolas. Pero aunque no se pueda esquiar, el fresquito se saborea. Sobre todo de noche, cuando el termómetro baja hasta los doce grados . Pero falta aún contar algunas cosas antes de llegar. Por ejemplo, que en el camino hay una bifurcación que conduce a Güéjar Sierra, interesante pueblo de montaña con bastantes puntos de interés. Por ejemplo, la confluencia del río Maitena con el Genil, al que vierte sus aguas. Muy cerca de allí se abre la Vereda de la Estrella, uno de los senderos más conocidos de la sierra, que discurre parcialmente por lo que fueron las vías del Tranvía de la Sierra, añorado por los que ya tienen una edad, que fueron quienes lo disfrutaron. Desde allí también comienza otra carretera que llega hasta todo lo alto (después de unirse a la A-395) y que es recomendable si se quiere observar un paisaje verde y exuberante, pero no muy apropiada para los que sufren con las curvas, porque las hay en abundancia. Como además es muy estrecha, en algunos tramos llega a ser arriesgada. Si se continúa por la carretera principal, el viajero observará algunos puntos de interés como el Barranco de las Víboras, que tiene en sus cercanías algunas envidiables casas unifamiliares de esas que dan envidia. También es posible contemplar el embalse de Canales, que empezó a construirse en 1975 y que forma un paraje precioso. Siempre cuesta arriba, el paisaje se llena de pinos y la inconfundible figura del Veleta empieza a verse de vez en cuando, anunciando el final del trayecto. Ojo, porque muchos no hacen caso a las advertencias: durante buena parte del año, para subir o bajar por ese tramo hacen falta cadenas . Después de pasar por algunos puntos curiosos –el toro de Osborne situado a más altura en España, por ejemplo- la carretera llega a un cruce. A la derecha se desvía hasta la estación de Pradollano, disfrutable en invierno por razones obvias (la nieve) y en verano por el fresco, la ausencia de coches y la tranquilidad, así como algunos buenos sitios para dormir y comer. A la izquierda se sigue subiendo y se llega hasta la Hoya de la Mora, donde se conserva el albergue universitario, cuando hay nieve se puede hacer algo parecido a esquiar con una especie de palas donde sentarse, muy apreciadas por los más pequeños, y hay también una zona de merenderos bien provistos. Las vistas son tremendas, sobre todo si, ya a pie, se opta por seguir ascendiendo para alcanzar el monumento a la Virgen de las Nieves, que protagoniza una romería en el día de su onomástica, el 5 de agosto, o se transita por esa pista mencionada al principio, que permite ver en la lejanía el Mulhacén, el punto más alto de la península, y otras montañas que superan los tres mil metros.
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