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Faltaba kilómetro y medio para llegar a la localidad de San Cibrao das Viñas, en la provincia de Ourense, zona de repechos y carretera ancha, de la que no gustan a los cicloturistas cuando ruedan en solitario con los coches adelantando rápido en señal de peligro. Rodaban a 33 kilómetros por hora cuando Paula Blasi quiso jugar a la ofensiva para ver lo que ocurría; a mover el árbol de la Vuelta a España por si había alguna corredora que se cortaba como el fruto maduro que cae cuando sopla el viento.
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