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La viajera tórtola | Collector
La viajera tórtola
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La viajera tórtola

Con los primeros días de abril empezaban a llegar las tórtolas. Las más tempranas las habíamos visto ya en marzo, algunos ejemplares sueltos, y excepcionalmente en febrero. Tras pasar el invierno en la franja transahariana del Sahel, regresaban ahora a sus cuarteles de cría. Entonces se podían cazar legalmente en esta época. Yo era un escolar y antes de ir al colegio cada día, entre el 15 de abril y el 15 de mayo, acompañaba a mis mayores a los puestos durante un par de horas a partir del amanecer. La caza era el pretexto, pero creo que en ningún curso, ni libro, ni proyecto de investigación he aprendido tanto sobre ornitología como en aquellas mañanas de mi niñez que pasaba en atenta observación de la naturaleza y especialmente de los flujos migratorios de las aves. En casa, en una franja costera gaditana, era testigo privilegiado de la 'entrada' de un sinnúmero de especies de pájaros. Abubillas, cucos, oropéndolas y 'azulejos' –carracas– nos sobrevolaban en dirección norte. Y también un sinfín de aves pequeñas como papamoscas, currucas, alcaudones, colirrojos y tarabillas. Una mañana nuestra sorpresa era el escaso roquero rojo y otra el mirlo de collar. Pero además, rapaces diversas, desde el veloz alcotán hasta la entonces escasísima águila pescadora, y un fijo era el abejero europeo, con frecuencia en grupos numerosos. Y 'garzas de noche' –martinetes— pagazas, fumareles y canasteras. ¡Qué espectáculo para el joven observador de aves! Ahora las tórtolas no se cazan ni siquiera en otoño, tan solo veo unos pocos ejemplares en cada paso e igual ocurre con la mayoría de las otras especies. Por ello me congratulo al constatar la suerte que tuve de poder disfrutar de estas clases prácticas. Aunque al mismo tiempo me lamento de que mi nieto no va a tener estas lecciones de campo, simplemente porque los humanos no hemos sido capaces de preservar nuestro patrimonio natural

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