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Tendiendo la mano al ángel | Collector
Tendiendo la mano al ángel
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Tendiendo la mano al ángel

Pocas experiencias le resultan al ser humano tan aturdidoras e inquietantes como la de sentirse marioneta del destino. A cualquiera que lea esto y tenga suficiente trayectoria vital se le vendrán sin duda a la cabeza sucedidos que le hicieron mirar al cielo y murmurar: «¿Pero Dios mío, ¿cómo ha podido pasar esto?». En el racionalista mundo moderno, la inesperada intervención del hado, que, de cuando en cuando, sin avisar ni ser llamado irrumpe en nuestras vidas, nos resulta aún más desconcertante que a los antiguos griegos, por ejemplo, en cuya cultura la fatalidad y la predestinación estaban bien presentes. —Pero, oiga, ¿no es esta una columna de caza? El lector que haya practicado con suficiente intensidad la caza auténtica –sin cercas, garantías de abate ni abuso de la tecnología– tendrá en su memoria días aciagos junto a otros en los que todo pareció seguir un guion misteriosamente escrito y se sintió llevado hasta la cima del éxito de la mano por un ángel. Y habrá de reconocer también que lo que realmente le apasiona de su afición es echar a rodar la ruleta de la fortuna cada jornada que sale al campo, volver a vivir ese inefable momento en que el monte se le ofrece en silencio, con quietud de promesa, y ya solo depende de algo superior que la pieza aparezca; de algo, por demás, intangible y ajeno a su voluntad. Si se analiza la pasión irrefrenable, casi enfermiza tantas veces, que la caza despierta y se compara con otras pasiones humanas igualmente irrefrenables –el juego, por ejemplo–, se columbrará también el rostro de la diosa Fortuna detrás. Hasta el habla recoge, con ancestral sabiduría, ese paralelismo y llama «jugar el lance» al momento cumbre de la cacería. Interesante tema que, con brinco inesperado de liebre en arrancada, nos salta al paso. ¿Podría acaso hablarse de 'cinegetopatías', en paralelismo psiquiátrico con las ludopatías del jugador empedernido?

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