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Cuando en los corrillos de las artes marciales mixtas (MMA) aparece el nombre de Yaroslav Amosov , se suele tener una opinión unánime acerca de su entidad dentro de la UFC: es un 'coco' de la división del peso wélter , un peleador temible con un estilo muy complejo de descifrar a través de sus habilidades en la lucha cuerpo a cuerpo. El atleta ucraniano cuenta con un récord profesional que durante años rozó la perfección estadística, se consolidó como una estrella en la extinta Bellator, donde llegó a proclamarse campeón y defendió su reinado en una ocasión. Amosov fue capaz de neutralizar a cualquier oponente con un 'grappling' que parte de una base del arte marcial soviético sambo y que parece no tener fisuras. Sin embargo, su mayor combate no ocurrió bajo los focos de una arena internacional, sino en las calles de Irpin, su ciudad natal, durante los primeros y más sangrientos días de la invasión rusa en 2022. Y es que el atleta ucraniano se alistó al ejército para combatir en la guerra, dejando una escena que dio la vuelta al mundo cuando recuperó su cinturón de campeón entre los escombros de su casa familiar, dañada por los bombardeos. Mientras otros campeones se preocupan por el corte de peso o los contratos publicitarios, Amosov se encontraba patrullando con un fusil al hombro, protegiendo a su familia y a su tierra. Esa pieza de metal y cuero, rescatada de un sótano bajo el fuego enemigo, dejó de ser un simple trofeo para transformarse en un símbolo de la resistencia de todo un país. Cuando finalmente regresó a la jaula para unificar el título ante Logan Storley, su actuación fue una clase magistral de dominio técnico, impulsada por una carga emocional que muy pocos seres humanos podrían gestionar sin quebrarse. Es por ello que Amosov, visiblemente emocionado, hizo un llamamiento a sus compañeros de trabajo, esto es, a los luchadores, para que tengan cuidado con la expresión «ir a la guerra» antes de los combates. Sus palabras también dieron la vuelta al mundo, después de lograr su primer triunfo dentro de la UFC. «Dicen que la próxima pelea será una guerra. Chicos, si no saben lo que es una guerra, cállense», apuntó el peleador ucraniano. Aunque es una terminología que se expresa sin ninguna mala intención, posiblemente les haga pensar a los atletas que la utilizan en las previas de sus combates. En el plano deportivo, Amosov ha atesorado un balance de 29 victorias como profesional y solo una derrota , que llegó en 2023 y le empujó a perder el cinturón de Bellator. Ya en 2025, logró una victoria en más en Cage Fury, que le sirvió para fichar por la UFC. En su debut dentro de la mayor liga de MMA del mundo, el ucraniano se deshizo por la vía rápida de un histórico como Neil Magny y, más recientemente, los votantes le colocaron dentro del top 15 del peso wélter de la UFC. Ahora, Joel Álvarez quiere arrebatarle esa posición en el UFC 328 en Newark (Nueva Jersey). Además, más allá de ser peleador profesional, Amosov también ha ejercido como entrenador y mentor en gimnasios de MMA y sambo, compartiendo experiencia con jóvenes atletas. También ha participado en actividades promocionales, seminarios y representación deportiva vinculada al desarrollo de las artes marciales en Ucrania. Su figura mezcla su entidad de campeón, la lucha del soldado y el ser un referente nacional, un perfil poco común incluso en la élite de la UFC.
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