Collector
“Nadie tiene que saber”: 260 testimonios de acoso sexual y laboral hacia mujeres periodistas llegaron a MinTrabajo y <i>“Me Too”</i> | Collector
“Nadie tiene que saber”: 260 testimonios de acoso sexual y laboral hacia mujeres periodistas llegaron a MinTrabajo y <i>“Me Too”</i>
El Colombiano

“Nadie tiene que saber”: 260 testimonios de acoso sexual y laboral hacia mujeres periodistas llegaron a MinTrabajo y “Me Too”

Algunos casos de acoso y abuso sexual se dieron en la oscuridad de salas de edición, en la soledad de ascensores detenidos y en reuniones clandestinas propuestas por hombres de poder. Otras, sin embargo, se dieron en la mitad del set, con todas las luces apuntando y la gente hablando en voz alta, sin que nadie le reclame. Esa fue una de las decenas de conclusiones que quedaron tras revisar las denuncias que llegaron al correo del movimiento “Me Too” (o “Yo te creo, colega”) y otras 200 que fueron consignadas en el informe que realizó el Ministerio del Trabajo en los medios de comunicación colombianos más grandes del país. En total, las mujeres que coordinan el movimiento analizaron 260 denuncias de presunto acoso y abuso sexual. Los resultados mostraron que el 80 % de los casos denunciados se registraron en televisión, el 15 % en prensa escrita y el 5 % en radio y medios digitales. El patrón que cubre a todos es el abuso de poder: los acosadores y abusadores eran “vacas sagradas”, “ídolos”, intocables. Las víctimas, en su mayoría, eran practicantes o mujeres que recién iniciaban su carrera. “Era mi primera oportunidad”, dijeron algunas. “Creí que era el orden natural de las cosas en el medio”, dijeron otras. L a mayoría de ellas calló, pero por miedo. Hoy, años después de sus experiencias de violencia, los testimonios (anónimos y a nombre propio) de las víctimas fueron recogidos en un informe, y las lideresas de la campaña —las periodistas Juanita Gómez, Paula Bolívar, Laura Palomino, Catalina Botero y Mónica Rodríguez— le piden a las autoridades que actúen. Y es que, en el conglomerado de casos registrados por MinTrabajo (200 de los 260) el conteo muestra un problema sistemático. Las denuncias se repartieron así en los medios estudiados. Caracol Televisión: 78 casos registrados: 64 por acoso laboral y 14 por acoso sexual laboral. Visita realizada el día 26 de marzo del 2026. Canal RCN: 52 casos registrados: 39 por acoso laboral y 13 por acoso sexual laboral. Visita realizada el 8 de abril de 2026. Red+: 24 casos presentados: 12 por acoso laboral y 12 por acoso sexual laboral. Visita realizada el 30 de abril de 2026. RTVC (público): 20 casos registrados: 16 por acoso laboral y 4 por acoso sexual laboral. Visita realizada el 6 de abril de 2026. Canal Capital (público): 16 casos presentados: 7 por acoso laboral y 9 por acoso sexual laboral. Visita realizada el 28 de abril de 2026. Canal 13 (público): 10 casos registrados: 4 por acoso laboral y 6 por acoso sexual laboral. Visita realizada el 6 de abril de 2026. El Ministerio del Trabajo aseguró que visitará otros medios de comunicación en los próximos meses, y advirtió que: “existen protocolos y comités de atención a víctimas, pero no necesariamente funcionan en la práctica para prevenir, investigar o sancionar los casos”. En informe de “Me too” retrató, en testimonios, la problemática. Tenía 15 años cuando una promesa de televisión se convirtió en una experiencia que tardaría años en entender. Catalina Botero recuerda que todo empezó con una cita que parecía una oportunidad: un fotógrafo reconocido, un programa propio y la posibilidad de entrar al mundo de los medios. La condición era simple: ir sola. Fue. Sola. Botero narró que, durante mucho tiempo, no supo cómo nombrar lo que ocurrió. Lo guardó, lo normalizó, lo convirtió en un recuerdo silencioso mientras seguía con su vida. Años después, ya como periodista, una historia ajena le devolvió la suya: otra menor, el mismo hombre, un patrón que se repetía. “El mismo fotógrafo, los mismos engaños, pero esta vez había ido mucho más lejos: había obligado a una menor a desnudarse y le había tomado fotos. Sentí el peso exacto de mi silencio de los quince años. Esta vez no podía repetirlo”, contó. Lea además: Más de 186.000 mujeres víctimas de violencia sexual desde 2018: las cifras detrás del 8M Y añadió: ” Cuando la policía allanó el estudio, encontró más de 89 discos duros con contenido explícito de menores de edad que, según las autoridades, era comercializado en el exterior. El daño era incalculable”. El fotógrafo terminó en la cárcel. Pero ese no fue el único episodio. Ya en su ejercicio profesional, Botero relata que enfrentó nuevas formas de violencia dentro de redacciones. Habló de mensajes de contenido sexual, insinuaciones constantes y represalias tras rechazar avances. Describió cómo, tras no ceder, fue objeto de una campaña de desprestigio que la obligó a dejar la ciudad y empezar de nuevo: “ Me llamaron “proxeneta”, “Prostituta” y hasta que vendía a menores de edad. Tuve que dejar Medellín”, dijo. En su denuncia, Botero también mencionó a otra figura del medio que le enviaba mensajes explícitos y la acosaba cuando coincidían físicamente. Esa vez, dijo, el miedo pesó más que la denuncia. Hoy, al mirar atrás, reconoce el costo del silencio: “El silencio no protege. Solamente pospone”. Botero explicó que su decisión de hablar ahora responde a la necesidad de evitar que otras repitan esa historia. Lastimosamente, sí se repitió. En 2015, en medio de un cubrimiento internacional que representaba el inicio de su carrera, Juanita Gómez vivió un episodio que tardó más de una década en nombrar. Era joven, estaba en Chile cubriendo un evento deportivo y sentía que su sueño comenzaba a tomar forma. Todo cambió en un ascensor. Un colega, con mayor trayectoria, intentó besarla de manera abrupta. Ella tuvo que empujarlo varias veces para apartarlo. No hubo palabras, pero el cuerpo reaccionó. Salió de allí sin entender del todo lo que había pasado. Durante años lo minimizó. Pensó que era parte del ambiente, que cuestionarlo era imposible frente a figuras consolidadas del oficio. En retrospectiva, ahora lo nombra con claridad: acoso. Su testimonio también describió un entorno donde los comentarios sobre el cuerpo de las mujeres eran habituales y donde el mérito profesional suele ponerse en duda. ”O cuando te preguntan, una y otra vez, “¿tú crees que lo que tienes es porque eres linda?” Claro, porque si encajas en un estándar de belleza, te quitan el mérito y si no encajas, te cuestionan el lugar. Nunca ganas, nunca es suficiente, nunca es por tu preparación”, narró. Con el tiempo entendió que lo que vivió no era un caso aislado. Era parte de una dinámica más amplia, sostenida por el silencio y el miedo. Lea además: Mujeres congresistas del Pacto pidieron que Hollman Morris sea apartado de RTVC por denuncias de presunto acoso sexual y laboral La historia de Lina Tobón comienza aún antes que la de otras periodistas, cuando aún era menor de edad. Su primer episodio de acoso ocurrió cuando tenía 17 años y dio sus primeros pasos en un canal local. Sin contrato, sin pago, pero con la convicción de que así se empezaba en el medio. El aprendizaje inicial pronto se transformó en otra cosa: cercanía, confianza y, finalmente, un límite cruzado. Un beso a la fuerza durante una grabación la llevó a abandonar ese primer intento profesional. Con el tiempo supo que no había sido la única. Esa certeza le dejó una carga que arrastró durante años: la sensación de no haber hecho lo suficiente para evitar que otras pasaran por lo mismo. Su carrera continuó. Llegaron nuevos espacios, oportunidades, crecimiento. Pero también nuevas formas de acoso. El episodio más difícil ocurrió en un canal nacional, cuando un colega de mayor jerarquía empezó con insinuaciones que escalaron hasta el contacto físico no consentido. La reacción fue la parálisis. Luego, la búsqueda de apoyo. La respuesta que recibió terminó de cerrar cualquier posibilidad de denuncia: “Es uno de los protegidos del canal. Ya varias lo han denunciado y no pasa nada”. Después vinieron críticas constantes, cuestionamientos al trabajo y un ambiente hostil que no había experimentado antes. Finalmente, renunció. En su carta habló de motivos personales. Hoy reconoce que era solo una parte de la verdad. Los testimonios se repiten con variaciones, pero con patrones claros. Una joven que llega a una entrevista y descubre que era un pretexto: “Era mi primera entrevista en un medio de comunicación grande... me pidió que me quedara con él esa noche para ‘no gastar en el hotel’”. Lea también: La IA dispara la violencia digital contra las mujeres en Colombia Otra relata cómo una promesa de trabajo venía acompañada de condiciones implícitas: “Me dijo que podía ayudarme... pero que debía ‘portarme bien’”. El contacto físico no consentido llegó después. ”En otro momento puso su mano en mi cadera y luego bajó hasta tocarme los glúteos. Le dije que no hiciera eso y me respondió que si quería trabajar allí debía acostumbrarme”, dice la denuncia. También hay relatos de besos forzados en medio de jornadas laborales, de invitaciones insistentes durante viajes de trabajo —“nadie tiene que saber”, “ven y te doy lo que quieras”— y de acoso cotidiano en pasillos y espacios comunes. En algunos casos, la violencia fue pública. Una periodista cuenta cómo, en un consejo de redacción, la llamaban “perra” frente a todos sin que nadie interviniera. Otra recuerda una nalgada en plena oficina, ante la mirada de un jefe que no reaccionó. Hay historias donde el abuso se mezcla con el poder. Una practicante describe cómo debía evitar a un presentador del canal porque otros ya conocían su comportamiento. Otra relata cómo, en una situación de vulnerabilidad laboral, las promesas de ayuda derivaron en un beso no consentido en su propia casa. En varios testimonios aparece un elemento común: la ausencia de consecuencias. “No hubo sanción. No pasó nada”, podría ser la frase que resumen cada una de las denuncias anónimas. Lea además: Las veces en que Petro ha defendido a presuntos acosadores y maltratadores de mujeres al interior de su Gobierno

Go to News Site