Faro de Vigo
Pocas cosas hay más difíciles de gestionar en una vida que el fallecimiento de un familiar cercano, pues lo emocional se da de bruces con lo administrativo: los múltiples trámites a realizar, no sencillos de por sí, se juntan con largos momentos de duelo. Esta carga burocrática, y en consecuencia, la psicológica, puede incrementar considerablemente si a la hora de administrar la herencia el fallecido no ha dejado un testamento en vida.
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