Faro de Vigo
Un rey con fama de soso hizo notar el otro día en Washington que el ejercicio del sentido común empieza a ser revolucionario. Carlos III -el de Inglaterra- no solo le tomó el pelo con elegante ironía a su anfitrión Donald Trump, que esa es tarea fácil. Importa más el hecho de que instruyese en cuestiones de democracia al emperador de la que un día fue su colonia.
Go to News Site