La Opinión de Málaga
En el Atlético de Madrid hay quien todavía, dos años después, se frota los ojos. Quizá baste con recordar las incrédulas reacciones que se sucedieron cuando se conoció que el club rojiblanco había señalado a Julián Álvarez como su gran objetivo para aquel verano, el de 2024. La Araña era ya un futbolista consolidado en nómina de uno de los grandes transatlánticos del continente, el Manchester City, autor de 18 goles en la temporada anterior, pese a no ser indiscutible en los planes de Guardiola. ¿Cómo iba el Atlético a ficharle al City un jugador en crecimiento, de apenas 23 años, con esos números?
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