La Opinión de Murcia
El cambio de armario es inminente. Llegó el momento de guardar capas, despedirse de los jerséis y reencontrarse con tejidos más ligeros. Y ahí, justo ahí, aparece el gran dilema: planchar. Porque sí, con la subida de las temperaturas, el lino, el algodón o los polos de punto traen de vuelta ese pequeño desafío diario: las arrugas. Esas que surgen casi sin permiso y que hacen que, por mucho que nos gusten ciertas prendas, acaben relegadas al fondo del armario por exigir un repaso rápido.
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