La Opinión de Murcia
¿Qué tienen en común una mística del siglo XVI, una pintora vanguardista que paseaba sin sombrero por la Puerta del Sol, una genealogía de bailarinas que devolvió el cuerpo femenino al centro de la escena y dos hermanas nacidas en Madrid de padre chino y madre belga que vivieron en la corte republicana china y en los cafés del Madrid de los treinta? Que todas ellas empujaron los límites de lo permitido en sus respectivos tiempos.
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