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Con plaza y sin trabajo
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Con plaza y sin trabajo

En la noticia del pasado lunes sobre los funcionarios de Gestión Civil del Estado se habla de unos profesionales en prácticas que aprobaron su plaza hace un año, que perciben un sueldo de 1.060 euros por estar en casa y que aún no saben destino. Mi caso no es muy distinto. Saqué plaza en Auxilio Judicial en septiembre de 2024 y año y medio después sigo esperando la adjudicación de destino, cosa que se prevé para septiembre u octubre de este año. En mi situación, como la de miles de compañeros que también están esperando, no percibimos ningún salario. Algunos están trabajando, como interinos o en empresas privadas; otros no perciben nada, y algunos cobran paro o recurren a la ayuda familiar... Sacar una oposición no es tarea fácil; conlleva sacrificios, quitarse tiempo de la familia, gastos de preparador, y psicológicamente es duro. Pero, pasado esto y con todas las ventajas que supone el estar en la función pública, que permite estabilidad y conciliación familiar, llevar casi dos años esperando para acceder a nuestro puesto de trabajo me parece una vergüenza por parte de la Administración. Los sindicatos apenas hablan de la situación que vivimos, no nos dan cronogramas claros ni fechas fiables; siempre son estimaciones de posibles incorporaciones. A los mas de 8.000 opositores de los Cuerpos Generales de Justicia que nos encontramos en esta situación nos está suponiendo perjuicios tanto económicos como psicológicos. Paola Yedra Martínez. Granada Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Si es así, algo nos dice el hecho de que el PSOE —con décadas de escándalos a sus espaldas— siga siendo una de las fuerzas políticas más votadas. No se trata de hacer un inventario de sus vergüenzas: la corrupción, la financiación irregular, los casos que salpicaron a sus dirigentes en distintas épocas... Ese catálogo existe, está documentado y los tribunales lo han sentenciado en varias ocasiones, y lo siguen juzgando hoy. Lo inquietante no es que ocurriera, sino la reacción: el encogimiento de hombros, el «todos son iguales», la fidelidad que no se rompe. Ahí está el espejo incómodo. El PSOE no ha hecho sino reproducir, a escala institucional, algunos de los peores hábitos de nuestra cultura política: la lealtad al clan por encima de los principios, la indignación selectiva, el cinismo disfrazado de realismo. Se indigna con los escándalos ajenos y minimiza los propios. Condena la corrupción en abstracto y la gestiona en concreto. No es una anomalía: es un síntoma. Pero señalar al partido sin mirarse es demasiado fácil. La pregunta incómoda es otra: ¿por qué seguimos eligiendo a quien tan fielmente nos representa en lo peor? Quizá porque la alternativa exige más de nosotros. Exige no perdonar lo que perdonaríamos si fuera «de los nuestros». Exige votar con la misma dureza con que criticamos. El PSOE es un espejo. El problema no es lo que muestra: es que muchos prefieren no mirarse. Prudenci Molas. Badalona (Barcelona) Es una dolorosa casualidad que tantas personas cercanas al presidente de Gobierno se vean imputadas por corrupción. ¿Qué culpa tiene de semejante accidente? Es tan injusto que se le vincule con estos chanchullos que lo que merece es un acto de desagravio. Yo le resarciría poniendo su nombre a otro accidente, geográfico en este caso: el golfo de Sánchez, por ejemplo. Me parece de justicia. Pablo González Caballero. Madrid

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