Cope Zaragoza
En Logroño, las despedidas de soltero y soltera se han convertido en un fenómeno cada vez más visible, especialmente durante los fines de semana de primavera y verano. La ciudad ofrece una amplia oferta organizada que funciona a través de packs cerrados, muy demandados por grupos que llegan desde distintos puntos de España. Estas experiencias suelen incluir actividades de aventura y ocio, alojamiento y una noche de fiesta. Entre las opciones más habituales aparecen el humor amarillo, escape room, paintball, karting, limusina, gymkanas urbanas, catas de vino o cenas con espectáculo. También existen formatos personalizados y escapadas de fin de semana que integran hotel y actividades. El precio medio se sitúa entre 70 y 200 euros por persona, en función de los servicios incluidos, con una temporada alta muy marcada que va de marzo a septiembre, cuando Logroño recibe el mayor flujo de este tipo de turismo de celebración. En pleno casco antiguo, la calle Laurel representa una de las imágenes más reconocibles de la ciudad, tarde de pinchos, cuadrillas, familias y turismo gastronómico conviviendo en un ambiente relajado. Sin embargo, ese equilibrio se rompe en ocasiones cuando algunas despedidas de soltero irrumpen en el escenario. No es la norma, pero sí lo suficiente para generar debate. Disfraces llamativos, camisetas personalizadas, coronas, gritos y ruido en momentos concretos alteran el ritmo habitual de una zona muy ligada a la identidad de Logroño. Ese contraste entre la tradición y ciertos excesos puntuales es lo que ha abierto una conversación creciente entre vecinos y hosteleros, cómo mantener la esencia del lugar sin renunciar a su atractivo turístico y festivo. Entre quienes viven el fenómeno en primera línea está Susana, vecina de Logroño y madre de dos niños pequeños. Su testimonio refleja una preocupación cotidiana cuando la calle se llena de escenas que, en ocasiones, resultan difíciles de explicar. “Hay escenas en pleno día que los niños no deberían ver; me preguntan: mamá, ¿por qué hacen eso?”. Susana habla desde la experiencia de tener que responder a las preguntas de sus hijos de 3 y 6 años, en un contexto donde el ocio adulto se mezcla con espacios familiares y turísticos. No todos los vecinos comparten la misma percepción. Patricia, otra residente, reconoce que existen momentos de descontrol, aunque los considera puntuales. También subraya el impacto positivo que este tipo de grupos tiene en la economía local. Desde el sector hostelero se insiste en que las despedidas de soltero son una pieza importante dentro del turismo de Logroño. Según Hostelería Riojana, el 90% de estos grupos mantiene un comportamiento cívico, mientras que solo una minoría genera incidencias. El presidente de la asociación, Francisco Martínez Berges, recuerda que este fenómeno no es exclusivo de La Rioja, sino común en muchas ciudades españolas con fuerte atractivo turístico. Además, destaca su relevancia económica, estos grupos no solo consumen en bares, sino también en restaurantes, bodegas, transporte y alojamiento. En algunos casos, el gasto medio por persona en un fin de semana puede rondar los 500 euros, lo que deja cifras significativas para la economía local. Aun así, el sector es claro, no se busca atraer visitantes problemáticos. La mayoría de despedidas, según su visión, conviven con normalidad en el entorno urbano. El debate se centra ahora en el equilibrio. El sector hostelero defiende que la solución no pasa por prohibir, sino por reforzar el control y la convivencia en los espacios más sensibles. Logroño continúa consolidándose como destino de ocio y gastronomía, pero el reto está en mantener su esencia, una ciudad que pueda ser, al mismo tiempo, lugar de celebración y espacio habitable para quienes la viven cada día. La calle Laurel seguirá siendo punto de encuentro, de brindis y de despedidas. La clave estará en que ese pulso entre fiesta y convivencia no rompa lo que la ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.
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