La Opinión de Málaga
Las sequías de 2023 y de 2024 pusieron en evidencia (más que nunca) que la necesidad de disponer de agua de riego es ya una cuestión estructural. Por eso, en un escenario marcado por la inestabilidad geopolítica y por la fragilidad de las cadenas de suministro, la gestión del agua no es solo una respuesta a la escasez crónica de este recurso en España. Es una decisión que debe blindar la soberanía alimentaria frente a un cambio climático extremo. Y aun así, la inversión de 2.700 millones de euros prevista por el Gobierno hasta el año próximo para modernizar 750.000 hectáreas de tierras choca con el escepticismo y, a veces, con una auténtica resistencia por parte de los teóricos beneficiarios de ese importe millonario: los agricultores y los ganaderos.
Go to News Site