COPE
La afición ha dado un paso al frente. Mientras Del Nido Carrasco se enroca en el sillón presidencial, con los máximos accionistas escondidos tras el sueldazo que le pagan al presidente y con la fantasmagórica imagen de Antonio Cordón, los sevillistas han decidido responsabilizarse del caos. La afición, que andaba un tiempo perdida entre la nostalgia de la grandeza y la impotencia que sentía ante tanta incapacidad de la dirigencia, se ha hecho cargo de la situación. «Sevillistas de finales», decían los acomplejados. Esta afición ha vuelto a demostrar que es especial. Un prestigioso periodista de la capital, Paco González, la definió hace un tiempo de una forma tan simple, pero tan completa: «El sevillista es muy del Sevilla». Hay mucho fondo en esa aseveración. El sevillista rechaza todo lo demás, elude los complejos, se aparta de opiniones del exterior, no quiere que se acerque nadie que no tenga la sangre roja, huye de la empatía. El sevillista solo es del Sevilla y acude al rescate cada vez que ve en peligro su locura. Por eso, mucho cuidado con los que jueguen con el escudo, especulen con su estadio y pongan en peligro a su club. Sin la afición, el equipo jamás hubiera sacado adelante el partido ante la Real Sociedad. ¿Quién pone en duda eso? Sólo ese aliento salido del corazón hizo exprimir al máximo una plantilla tan deficiente y con prestaciones tan limitadas. Y tendrán que seguir dando la cara porque el equipo no se va a sostener solo. Los hinchas lo saben y ya han agotado las entradas para el encuentro ante el Espanyol. «Hemos dado un paso adelante. El sábado tiene que ser el partido de la temporada», reflexiona Luis García Plaza. Sin duda, la permanencia pasará por ese partido. Por eso, vayan de cabeza al súper a comprar más papel higiénico. El Sánchez-Pizjuán deberá rugir para tener alguna opción real de mantener vivo un sueño, porque el equipo ha llegado muy, muy justito a la hora de la verdad.
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