COPE
La historia de Carla Rivas Faro, una joven de 25 años, se ha convertido en un reflejo de la situación que viven muchos jóvenes en España. Hace un año, tomó la decisión de dejar Madrid para regresar a su pueblo en la provincia de Huesca, una elección motivada no solo por razones emocionales, sino también por un fuerte componente socioeconómico. En un vídeo de TikTok, la comunicadora, conocida como la "influencer rural", ha expuesto su experiencia para "crear red con otros jóvenes provincianos que se sienten igual en las grandes ciudades". Detrás de la cuenta @carlarivasfaro se encuentra una creadora de contenido natural de Almuniente (Huesca), un pueblo de 150 habitantes. Tras estudiar Economía y Negocios Internacionales y trabajar en Madrid, decidió volver a sus orígenes para emprender y dar visibilidad a la vida en el campo. Su labor le ha valido reconocimientos como el premio Mujeres Influyentes de Aragón 2025 y el Premio Aragón Influye de Promoción Rural, consolidándola como una voz clave contra la despoblación. En Madrid, Carla tenía un trabajo cualificado, con jornada completa y contrato indefinido, pero su realidad económica era insostenible. "Destinaba más del 30% de mi sueldo al alquiler de una habitación en un piso compartido", explica. Esta situación, que califica de precaria, la llevó a cuestionar el modelo de vida urbano. "No entiendo cómo se ha normalizado el tener que compartir tu espacio más íntimo con adultos que no te unen a nada", lamenta, criticando la idea de que la ciudad es sinónimo de éxito y el pueblo de fracaso. La joven denuncia el discurso que reciben los jóvenes rurales desde pequeños, según el cual "las oportunidades están solo en la ciudad, y nosotros lo compramos". Sin embargo, la realidad que encontró fue muy distinta. "Te das cuenta de que, aun haciendo todo lo que te dijeron que tenías que hacer, no consigues calidad de vida ni perspectivas de mejora futura", afirma. Su caso no es aislado, y se suma al de otras personas que han optado por volver a sus raíces para emprender, como la farmacéutica que regresó a su pueblo de 400 habitantes para dar un servicio esencial. Ante la falta de perspectivas, Carla tomó la decisión de volver a casa de sus padres para trabajar y ahorrar. Aunque percibe un salario similar al que tenía en Madrid, el coste de vida es muchísimo menor. Su objetivo es claro: crear un colchón financiero que le permita, en el futuro, "comprar una propiedad o vivir donde yo elija". Rechaza la idea de estar en un trabajo donde simplemente está "cambiando dinero", sintiendo frustración y sin prosperar, una situación que también afrontan pequeños negocios en ciudades, como una tintorera en Logroño que lucha por sobrevivir. Carla subraya que el regreso al mundo rural ya no es sinónimo de fracaso. "Hoy en día, gracias al teletrabajo y al emprendimiento, en los pueblos también hay oportunidades y, sobre todo, mucha calidad de vida", asegura. Con su testimonio, busca desmitificar prejuicios y mostrar que volver al pueblo "no es ninguna tontería", concluyendo que se queda "mucho más tranquila habiéndolo contado".
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