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Saka fulmina el sueño del Atlético
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Saka fulmina el sueño del Atlético

El Atlético de Madrid vio fulminado su sueño europeo, fríos y desconcertantes sus últimos pasos en la Champions League, rematado por un único gol de Saka en la primera parte del que los chicos de Simeone nunca pudieron reponerse. Los rojiblancos siempre estuvieron a merced de un Arsenal que ni mucho menos es una obra maestra, un equipo que no será recordado por su fútbol vistoso o el desparpajo de sus estrellas, pero sí por una solidez envidiable, un auténtico búnker que viajará desde el norte de Londres a Budapest a base de puro merecimiento. Arteta y sus pupilos dejaron seco el cerebro colchonero, que casi nunca encontró un camino por el que dañar o ser feliz. Ahora, su ilusionante temporada se ha convertido en una nueva página en blanco. No había cánticos de guerra ni llameantes bengalas en las inmediaciones del Emirates, feliz como una perdiz la afición del Arsenal después del empate del Manchester City contra el Everton, resultado que la acerca a la ansiada conquista de la Premier League. Sonrisas y una inédita armonía en el fútbol de élite coronadas por una desgastada pelota, pateada por los 'gunners' hasta la estratosfera como si de un balón de playa en un concierto se tratara. Mientras, el pianillo del inicio de 'Baba O'Riley' emergía de las entrañas del estadio, que como los campos españoles, también acogió una potente batería de silbidos cuando el himno de la Champions sonó por primera vez. Los hinchas colchoneros , apelotonados en una esquina, fueron los autores. Arteta, después de semanas de presión mediática, decidió mandar al banquillo a su ojito derecho, Zubimendi , para propulsar al semidesconocido Lewis-Skelly , londinense de 19 años y con solo tres apariciones en liga esta temporada. Carácter revolucionario que también pareció hacer mella en Simeone, que desarticuló la defensa de la ida para mandar a Llorente a la medular y a Pubill, su central titular durante casi toda la campaña, al lateral derecho. Los protagonistas ya tenían sus cartas en la mano, solo faltaba conocer si serían capaces de darles buen uso. Un billete para Budapest y la gran final estaba en juego. En un ambiente tan opresivo como el del Metropolitano, al Atleti le tocó aguantar la dictatorial iniciativa de los locales, posesivos con el balón y en la búsqueda de la superioridad por bandas. Pedía Simeone a los suyos que subiesen líneas, que no se resguardaran en su área, donde con seguridad serían presa de un bombardeo de época. Sin embargo, la primera contra de los rojiblancos, propulsada por Griezmann y bien finiquitada por Julián, demostró que podían hacer daño a sus contrincantes. El fogonazo bajó el suflé del Arsenal, que ya no jugaba con tanta autoridad y vio que, ni mucho menos, era invencible. La fina llovizna londinense daba aún más tensión al escenario, con dos ejércitos caminando con rectitud hacia la victoria pero sin florituras, temerosos al error y aupados por dos sistemas defensivos inquebrantables. Un calco a la primera manga salvo que esta vez no había red de seguridad, uno ascendería a los cielos y otro se iría directo a la tumba. Ya pasado el ecuador del primer acto, el Arsenal volvió a coquetear con abrir el marcador, le faltaban centímetros para finiquitar su iniciativa, aunque siempre aparecía alguna pierna rojiblanca para desbaratar sus planes. Pero Saka , al filo del descanso, decidió cambiar el rumbo de la eliminatoria. El inglés le ganó la posición a Ruggeri y Le Normand después de un chut de Trossard y solo tuvo que empujar el balón con Oblak ya vencido para adelantar a los ingleses. Al Atleti le tocaba probar otro plan si quería salir con vida del Emirates. Así, volvió de los vestuarios más agresivo y, a los cinco minutos de la segunda parte, muy cerca estuvo Giuliano de aprovechar una fatal cesión de Saliba a Raya, pese a que Gabriel, central de categoría, enmendó el error de su pareja casi sobre la línea de gol. Desmelenados los colchoneros, o angustiados por su inferioridad en el marcador, comenzaron a adueñarse del encuentro y ahora eran los británicos los que sufrían embestidas. Para potenciar la apuesta, Simeone dio entrada a Sorloth y a Molina. Necesitaba una aparición mesiánica, pues el tiempo comenzaba a agotarse. Los aficionados locales ya no celebraban el dominio de los suyos, sino sus despejes y sus esfuerzos defensivos, un tipo de fútbol con el que, por otra parte, el hincha inglés siempre se ha sentido identificado. Pese a todo, daba la sensación de que los rojiblancos andaban escasos de ideas frescas, y muy cerca estuvieron de llevarse el 2-0 en contra después de una pérdida, aunque Gyokeres , que estaba cuajando un partido fantástico, no fue capaz de atinar desde dentro del área. Almada y Baena sustituyeron a Julián y Griezmann, señal de que Simeone iba a la desesperada, ya que prescindir de tus dos mejores jugadores, por muy irregular que sea su hacer, es una señal de frustración. Mientras, el Arsenal buscaba con ahínco el tanto definitivo al mismo tiempo que protegía sus dominios con uñas y dientes, un ejercicio de solidez excelente que solo flaqueó durante una jugada por banda izquierda de Baena, que asistió a la perfección a Sorloth. Pese a su franca posición, el nórdico golpeó al aire y no al balón, momento en el que las esperanzas del Atleti se desvanecieron por completo y el Emirates celebró sin reservas que su equipo volvía a una final de la Champions casi 20 años después.

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