Canarias Ahora
Estatus - La investigación revisó cientos de piezas antiguas y concluyó que la variedad responde a normas compartidas dentro de cada comunidad, donde los objetos también señalaban posición o pertenencia Descubren en Irak hachas de mano que podrían tener más de 1,5 millones de años de historia Un filo recién desprendido cayó sobre la grava mientras varias manos seguían golpeando la piedra con ritmos distintos. Los hombres trabajaban juntos, cada uno con su pieza, y el suelo acumulaba fragmentos que marcaban intentos fallidos o cortes limpios que ya servían. Algunas hachas crecían en tamaño y peso a cada golpe, otras se quedaban en formas más simples que salían rápido y sin cuidado extremo. Entre todos, uno sostenía una pieza más cuidada, con bordes definidos y proporciones que no aparecían en las demás, y esa diferencia se notaba en cómo los otros miraban su trabajo. Los investigadores plantearon que las herramientas marcaban estatus Un estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences analizó 614 hachas del periodo conocido como MIS 9 en Gran Bretaña y concluyó que esa diversidad no responde a errores ni a improvisación . Los investigadores Rawlinson, Foulds, Shipton, Ashton, Dale y White observaron que las formas distintas coexistían dentro de los mismos yacimientos y en el mismo momento histórico. El trabajo muestra que esas diferencias reflejan normas comunes dentro de un mismo grupo humano, con herramientas que no solo servían para cortar, sino también para señalar posición o pertenencia . El análisis morfológico sitúa como forma más común una punta apuntada con extremo redondeado , que se fabricaba rápido y se usaba en tareas diarias. A partir de ahí aparecen otras variantes en los extremos del repertorio, como los ficrones o los hendedores , que presentan formas más exigentes y menos frecuentes. Los investigadores comprobaron que esas variantes no surgían por casualidad, ya que seguían patrones muy claros dentro del conjunto estudiado. Que todas convivieran en los mismos lugares apunta a que no todas servían solo para cortar o raspar. Experimentos mostraron que ciertas piezas requerían más esfuerzo Los investigadores proponen que esas diferencias funcionaban como señales dentro del grupo. Una hacha podía indicar la experiencia de quien la hacía o el lugar que ocupaba dentro de la comunidad. En el conjunto achelense general, cada cultura solía producir un tipo principal de herramienta, ya fueran hachas o hendedores. En cambio, en este periodo británico aparecen ambos en los mismos lugares, lo que implica que varias normas convivían dentro del mismo grupo humano. Los datos también muestran que no existían tradiciones regionales diferenciadas. Los modelos estadísticos indican que el lugar de procedencia de cada pieza explica solo el 5,1% de la variación total. Esa cifra apunta a que la misma forma de fabricar herramientas se extendía por amplias zonas , desde el Támesis hasta Kent y desde East Anglia hasta la cuenca del Solent. Este patrón sugiere una red amplia de contacto entre grupos que compartían formas y técnicas. Algo parecido ocurrió también en otros puntos. En el yacimiento de Jaljulia , en el Levante, aparecieron herramientas muy simples junto a otras mucho más trabajadas durante el Achelense tardío. Los investigadores creen que esa diferencia no refleja una pérdida de destreza, sino decisiones tomadas a propósito. Cada pieza cumplía una tarea distinta dentro de una forma de vida mucho más organizada de lo que parecía. Algunos yacimientos del Támesis carecían de hachas en sus conjuntos El estudio también examina casos en los que no aparecen hachas. Algunos yacimientos del Támesis y sus afluentes muestran conjuntos basados en núcleos y lascas . McNabb ya había señalado dudas sobre estos conjuntos, pero los autores consideran que forman parte de una tendencia más amplia en Europa durante el Pleistoceno medio. White y Bridgland identificaron varios yacimientos con estas características, aunque el número sigue siendo reducido por la necesidad de contextos bien conservados. En ese mismo marco, los trabajos de Davis en Brecklands y de Ashton en Barnham aportan nuevos datos que amplían la distribución de estos conjuntos. White ya había señalado en 2000 que la escasez de yacimientos claros dificulta las conclusiones, pero la repetición del patrón obliga a tenerlo en cuenta. La ausencia de hachas no se explica por falta de materia prima ni por necesidades concretas , lo que apunta a razones culturales. El contexto general sitúa estos hallazgos en las orillas del Támesis hace entre 337.000 y 300.000 años. Allí vivieron grupos de homínidos que no eran humanos modernos ni neandertales , pero que ya manejaban un repertorio técnico amplio. Durante décadas, la variedad de formas desconcertó a los arqueólogos, que no encontraban un patrón claro. El análisis detallado muestra que fabricar ciertas piezas exigía más tiempo y habilidad. Los experimentos indican que crear un ficrón o una hacha de gran tamaño requiere más esfuerzo y aumenta el riesgo de fractura. Esa inversión no tiene sentido si solo se busca cortar o raspar. Por eso, esas piezas apuntan a una función añadida dentro del grupo, en la que la forma y el proceso de fabricación también importaban.
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