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El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ha elevado el tono contra el Gobierno central tras la decisión del gabinete de Pedro Sánchez de autorizar el atraque del crucero infectado por hantavirus en el puerto tinerfeño de Granadilla de Abona. El mandatario autonómico ha acusado de «deslealtad» a la administración de Pedro Sánchez por negociar y pactar con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la llegada del barco a Canarias a la misma hora que, en una reunión técnica, los responsables del Ministerio de Sanidad les decían que el buque iba a seguir su camino hacia Ámsterdam, de donde es la naviera. Un hecho por el que también habla de «ocultación». Desde Canarias defendieron en distintas ocasiones que una travesía de tres días no era la mejor opción, teniendo en cuenta que el crucero estaba fondeado frente a las costas de Cabo Verde -que impidió el atraque del buque en sus puertos-. Sin embargo, siempre han mostrado su predisposición a colaborar en todo momento, llegando a activar varias unidades del Hospital de La Candelaria, en Santa Cruz, ante un inminente traslado de un paciente grave en aislamiento que finalmente nunca llegó. El gabinete formado por Coalición Canaria y Partido Popular, además, alegaron su fuerte dependencia del turismo y el daño que la llegada del barco infectado, portada en todos los periódicos del mundo, podía hacerles a su economía. Asumido ya el traslado del crucero, que llegará al puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) el próximo domingo, y pese a los intentos para intentar frenar dicha escala hasta el último minuto , el debate se trasladó al terreno político con reproches entre administraciones. Mientras Clavijo y su vicepresidente Manuel Domínguez han lamentado que el Ejecutivo no les haya ido informando sobre las decisiones que han ido adoptando, en Moncloa aseguraron este miércoles que han mantenido informado al gobierno autonómico en todo momento. De hecho, Clavijo pidió una reunión urgente a Sánchez que no se acabó celebrando. Los ministros comprometieron además una llamada del presidente a su homólogo canario pero, a las 19 horas, todavía no se había producido. El responsable de Política Territorial y expresidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, afirmó por su parte haber estado en contacto en distintas ocasiones con el presidente Clavijo. Lo mismo dijo la ministra de Sanidad, Mónica García, cuyo contacto el presidente regional redujo a «algún mensaje». Tras la reunión celebrada en Moncloa y presidida por Pedro Sánchez para coordinar la respuesta, García defendió que «la polémica política no toca». En el Gobierno, que llegaron incluso a decir que Clavijo «mentía» en sus declaraciones públicas, se abría paso un mensaje de tachar al gabinete autonómico de insolidario. A la fiesta de reproches mutuos se le sumó también a lo largo del día de ayer el Partido Popular que, a través de su vicesecretario autonómico, Elías Bendodo, pidió al jefe del Gobierno que apartase a Mónica García de la coordinación de la crisis sanitaria por «su incapacidad». «No confiamos en la capacidad de gestión de la ministra para resolver esta cuestión», afirmó Bendodo. Los populares, como Canarias, exigieron también al Ejecutivo «transparencia, coordinación y dedicación» en esta cuestión. Una crisis sanitaria originada a miles de kilómetros de España y que ha generado una nueva crisis política en nuestro país. La primera información sobre la posible llegada del crucero infectado a Canarias se produjo el lunes. Ese mismo día, en este mismo periódico, Clavijo hizo un llamamiento para «ver bajo qué condiciones de seguridad» se autorizaba el atraque, de ser así, ya que «somos un destino turístico». Desde Madrid, antes de viajar a Bruselas, Clavijo realizó varias llamadas al delegado del Gobierno en Canarias y varios ministros para recabar información, ya que en ese momento todo lo que conocía era a través de los medios de comunicación. Desde entonces y hasta que la ministra de Sanidad, Mónica García, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dieron las primeras explicaciones públicas, este miércoles al mediodía, pasaron 48 horas de silencio . El Gobierno, más allá de algún contacto discreto con Canarias a lo largo del martes y una reunión técnica entre la Sanidad del Estado y la autonómica, no informó en ningún momento de los pasos que se estaban dando. Fue la OMS y la propia naviera las que en todo momento comunicaban su intención de ir a Canarias. Cabe recordar que más allá de la escala del barco para desembarcar a los pasajeros que siguen a bordo, 14 de los 88 viajeros son de nacionalidad española . Durante estos dos días, y sabiendo ya que el buque podía acabar llegando a las costas españolas, el Ejecutivo optó por no decir prácticamente nada, más allá de las breves declaraciones de la ministra portavoz tras la reunión del Consejo de Ministros.
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