Diario CÓRDOBA
Me pides que te explique mi fe en nuestro Padre del cielo, como si fuera algo que te pudiese razonar intelectualmente. Para mí, la fe no es una elaboración metafísica, sino una opción, o sea, un ejercicio de mi libertad. Por eso, según voy creciendo en la libertad de esa opción, voy madurando en la fe. Quizás con un ejemplo te lo pueda explicar de manera más intuitiva. Imagina que vas a una exposición de pintura y te quedas tan deslumbrado que decides dedicar tu vida a eso. Entonces buscas al autor de los cuadros y le pides que te enseñe. Para ello, tienes que creer en él, y no como una obligación, como una esclavitud, sino como la consecuencia para alcanzar lo que quieres; confiar en que lo que te diga, los ejercicios que te ponga, las directrices que te marque te llevarán a realizar tu ilusión. Esto para mí es fe, creer en alguien porque le ves todo el sentido a lo que esa persona pueda transmitirte. Y te pones cada día a hacerlo, y cada día vas creciendo en ello, le vas viendo sentido a tus sacrificios, a tu entrega, a tus fracasos y a tus logros, y vas dando un ejemplo de vida para los demás, y vas creando vida en este mundo. Y no es algo a lo que esperas llegar en un futuro, sino una satisfacción que constatas cada día, ya que cada día sientes la satisfacción de estar en el camino de tu opción, un camino sin metas, porque no es un recorrido, sino un estado, por el hecho de que te entregas a ello. De la misma manera, sin esa fe, puedo constatar lo que es una vida sin sentido, vacía, sin una ilusión que la llene y por la que entregarla. Pues para mí eso es la fe en un Dios todo amor que me da vida. ¿Qué otra cosa existe en este mundo que me dé más sentido? Siendo honesto, no he encontrado otro… dios en el que poder confiar mi ser. Porque ¿qué otro poder que no sea el de ese amor puede aliviarme de los miedos, el dolor, la pérdida de un ser querido, las inseguridades, las incertidumbres, la soledad? Como ves, la fe no es un sometimiento, es la constatación de vivir en la paz. Siendo honestos, ¿de verdad el dinero, el poder, el prestigio nos pueden dar un apoyo seguro? Tratamos de evadirnos de cuán vulnerables somos. ¿De verdad todo el dinero del mundo nos puede evitar una enfermedad, un sufrimiento, el paso del tiempo, la muerte? ¿De verdad existe alguna situación fuera del amor de Dios en la que podamos cobijarnos? Y llegamos a tal obnubilación que convertimos la vida en una ciega carrera por atrapar aire. Convertimos la existencia en mentiras, en la absurda vanidad de creernos que tenemos el poder de ser dueños de la vida. Y, claro, por la mentira de ese espejismo acabamos siempre en la derrota que nos ofrece la oscuridad.
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