Diario CÓRDOBA
La primera vez que vi a Penélope Cruz en pantalla grande fue en esa fiesta de talentos que reunió Fernando Trueba en la primavera republicana de Belle Époque (1992). La benjamina de la estirpe capitaneada por Fernando Fernán Gómez como patriarca idealista de izquierdas concentraba su vitalidad naif y desbordante en esos grandes ojos castaños que hoy alojan en la retina toda la historia de las tres últimas décadas del cine español. Entonces contaba solo 18 años y su nombre ya figuraba en los créditos de la segunda película española de la historia en alzarse con un Oscar.
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