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La investigación contra el cáncer es cosa de todos. Eso es lo que busca la campaña que, cada año, lleva a cabo la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), con la denominada Cuestación , que este 7 de mayo busca recabar el mayor apoyo posible de los sevillanos con donaciones que irán destinadas íntegramente a la investigación contra el cáncer. En Sevilla se van a poner en la calle un total de 200 mesas distribuidas por toda la provincia, que tiene como último balance la atención prestada en 2025 a 3.284 personas. Además, la sociedad sevillana contribuyó ese mismo año con más de 700.000 euros a la investigación , una cifra que refleja el arraigo y la implicación de los sevillanos con esta fecha. Gracias a este impulso colectivo, la Asociación sostiene la mayor red de investigación oncológica de España, formada por más de 3.000 investigadores en 160 instituciones de 38 provincias. Actualmente hay 792 proyectos en marcha, financiados con 157 millones de euros, y uno de ellos es el que lleva a cabo. Uno de estos proyectos es el que lleva Daniel Gómez Cabello , Investigador del Instituto de Biomedicina de Sevilla y del Departamento de Biología Celular de la Universidad de Sevilla, que gracias a los fondos (150.000 euros) obtenidos desde la Aecc puede continuar con su proyecto de investigación de radioterapia en el cáncer de pulmón. «Gracias a ellos me pude venir de Dinamarca con un contrato de cinco años que me ha permitido al final estabilizarme en la Universidad de Sevilla», señala Daniel, que no duda en insistir en que «si bien lo ideal siempre es que la financiación viniera a nivel público, la ayuda que se recibe en este tipo de campañas potencia muchísimo más los grupos de investigación y la capacidad de desarrollar nuevas tecnologías o terapias en cáncer». Y es que detrás de cada Cuestación hay historias que merecen ser contadas, testimonios de lo que este tipo de campañas de ayuda supone para muchas personas y sus familias. Una de ellas es la historia de Blanca, a la que con 11 años le diagnosticaron leucemia tras pasar unos días con una fiebre que no le remitía e iba en aumento. El momento del diagnóstico lo recuerda perfectamente Isabel, su madre: «Estaba sola junto a mi niña y me dijeron que avisara a mi marido porque tenían que hacerle un aspirado de médula, ya que al 99%, tenía leucemia». Leucemia Mieloide Aguda , nombre y apellidos de una enfermedad que no quieres recordar, pero que se graba a fuego. «No pude decirle lo que tenía durante varios días. Pero, sorprendentemente, lo asimiló mejor de lo que imaginábamos. Su mayor preocupación era su pelo», relata. En el tercer ciclo, otro varapalo: Blanca necesitaba un trasplante de médula. Por fortuna, su hermana melliza era 100% compatible y, tras 35 días aislada, pudo recibir el alta. «Su recuperación era buena. Pero la mía, no», relata una Isabel que acudió a la Aecc para acudir a una terapia grupal, primero y a atención individualizada, después. Una terapia por la que también tuvieron que pasar después su hija y su marido. Tres años y tres meses después del trasplante Blanca sufrió una recaída. Entonces, el apoyo de Clara y Pastora, psicólogas, resultó fundamental para salir adelante. Porque el cáncer no es solo para quien lo padece, también lo sufre la familia que lo vive en silencio. «Cuando trabajas con niños y adolescentes con cáncer, te das cuenta muy pronto de que tu labor no puede entenderse solo desde la técnica. Mi trabajo empieza, sobre todo, estando presente: mirando a los ojos, adaptándome a cada niño, a cada familia, a cada momento», argumenta Clara Núñez, psicóloga que atendió a Blanca y su familia. Y es que, como ella misma relata, «cuando aparece el cáncer, todo se detiene y el miedo ocupa un espacio enorme» . También es psicóloga de pacientes con cáncer Pastora Sanz, que entiende que su labor es «ayudarles a gestionar emociones tan intensas. Debemos que tener en cuenta que los procesos oncológicos en edad pediátrica suelen ser largos y que las familias, normalmente, tienen otras personas a las que cuidar y trabajos a los que atender». Con los niños, el trabajo tira de cuentos, juegos o materiales visuales que les permitan entender lo que les ocurre sin asustarse. Ya en edad adolescente, el enfoque psicológico cambia, ya que necesitan respuestas y que alguien valide sentimientos tan humanos como el miedo, la ansiedad o la autoestima. «Para mí, la comunicación es clave. Una comunicación clara, respetuosa y adaptada a su etapa evolutiva reduce la incertidumbre. Así entienden el tratamiento, los efectos secundarios o las decisiones que se toman, todo cambia», reconoce Clara, psicóloga en la AECC. La dureza de trabajar con niños con cáncer está siempre presente. Sin embargo, Clara saca una conclusión que le permite hacer lo que hace: «Ellos me enseñan cada día que la fortaleza no siempre es ruidosa . A veces es simplemente seguir adelante, un dibujo, una risa inesperada, una pregunta valiente. Y estar ahí para sostener, eso es un privilegio».
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