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La lección de Gorka a sus 17 años tras la amputación de sus dos piernas y un brazo: "Había momentos en los que nos daba ánimos a nosotros" | Collector
La lección de Gorka a sus 17 años tras la amputación de sus dos piernas y un brazo:
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La lección de Gorka a sus 17 años tras la amputación de sus dos piernas y un brazo: "Había momentos en los que nos daba ánimos a nosotros"

La vida de Gorka Goñi Mendiburu, un joven navarro de Elvetea (Navarra) de 17 años, cambió para siempre la noche del 3 de enero. Lo que empezó como una fiebre se convirtió en cuestión de horas en una lucha por la vida contra una sepsis meningocócica fulminante. Tras 85 días en la UCI, seis intervenciones quirúrgicas y la amputación de sus dos piernas y el brazo izquierdo, Gorka y su familia encaran una nueva realidad. Su madre, Lourdes Mendiburu Vidart, relata desde el Hospital La Paz de Madrid un duro proceso marcado por el dolor, pero también por una entereza y un apoyo incondicional que les impulsa a mirar al futuro. Actualmente, Gorka se encuentra en la fase final de las curas de los injertos de piel que han cubierto las zonas dañadas y en pleno proceso de rehabilitación. “Con tres extremidades amputadas, tiene que volver a empezar a moverse, a andar, y después de tanto tiempo encamado, está muy, muy, muy débil”, explica su madre. El objetivo es fortalecer su cuerpo y recuperar la masa muscular perdida tras casi tres meses inmovilizado. La familia espera poder volver a Pamplona cuando termine esta fase en Madrid. Todo comenzó la noche del sábado al domingo 3 de enero con fiebre y vómitos. Tras una noche inquieta y varios antitérmicos que no funcionaban, la familia llamó al 112. A la mañana siguiente, la aparición de unas manchas en la frente y el cuerpo encendió todas las alarmas. “Como había sido una noche un poco rara, lo llevamos al médico”, recuerda Lourdes. En el Centro de Salud de Elizondo se activó el protocolo de emergencia y fue trasladado en helicóptero a Pamplona. La rapidez fue clave. Según su madre, “el antibiótico que le pusieron en el centro de salud y  esa rapidez, eso sí, yo creo que sí, fue lo que le salvó la vida”. Al llegar a Pamplona, el cambio en su aspecto fue “espectacular”, con las manchas extendiéndose por todo el cuerpo. Fue entonces cuando los médicos les hablaron de la gravedad de la situación. Para el mediodía del 4 de enero, Gorka ya estaba ingresado en la UCI. La enfermedad avanzó de forma “muy, muy, muy rápida”. En 48 horas, su cuerpo estaba muy hinchado y la piel necrosada. Lo más desconcertante para la familia fue que, a pesar de la extrema gravedad, Gorka nunca perdió la consciencia. “Él en ningún momento estuvo entubado ni sedado. Estaba conectado a infinidad de monitores, pero estaba consciente, hablaba”, rememora su madre. Esos primeros días estuvieron marcados por una “incertidumbre y alerta constante”, un estado de shock en el que “no puedes hacer otra cosa que estar ahí, darle ánimos y pedirle que luche”. El 6 de enero, los médicos comunicaron a la familia el riesgo de amputación. La enfermedad provoca trombos y, aunque existía una cirugía para liberar la presión en las extremidades, era inviable. “La bacteria provocó trombos, pero también había dejado a Gorka sin plaquetas, con lo cual era algo inviable, porque si le hacían una mínima raja, es que se moría en la mesa de operaciones”, detalla Lourdes. La familia se aferró a la esperanza al ver que movía los brazos y, aunque menos, las piernas. No le comunicaron nada a Gorka hasta su traslado al Hospital La Paz de Madrid el 4 de febrero, necesario por los dolores y para tratar el 80% de su piel dañada como un gran quemado. “A él se lo contaron al día siguiente, o dos días más tarde, y, hombre, fue duro, fue muy duro”, admite su madre. Pero, una vez más, Gorka sorprendió a todos. “Nos dio una lección de entereza, y había momentos en que era él el que nos daba ánimos a nosotros”. El momento más difícil llegó tras la primera operación en Madrid, cuando los cirujanos comunicaron que no habían podido salvar el brazo izquierdo. “Cuando él salió del quirófano pensando que había entrado a una cosa y salió sin un brazo, pues ya esos días fueron los más duros de todos. Ya era demasiado”, confiesa Lourdes con la voz rota. El 1 de abril, Gorka abandonó la UCI. “Cuando salgáis de la UCI todo será mejor”, les decían. Y así fue. El silencio de la planta le permitió empezar a descansar y ver la luz. Ahora, la familia se enfrenta a un nuevo reto: “Tiene que aprender a vivir tal como está ahora, y nosotros a tener un hijo con esas características en casa”. En este camino, han sido cruciales las visitas de asociaciones y personas que han pasado por situaciones similares, como la Fundación Alberto Contador. Gorka, un gran aficionado al deporte y jugador del C.D. Baztan, siempre preguntaba a los médicos si podría volver a andar en bici. Ver a gente en su misma situación o peor que lo ha conseguido “le ha dado un punch de, bueno, pues sí, pues, la pena luchar, voy a poder hacer algo”. Su madre lo tiene claro: “Yo creo que nos ha dado una una lección de de espíritu de superación, de resiliencia, que, vamos, ni en nuestros mejores sueños”. La ola de solidaridad, desde una recaudación de fondos que ha superado todas las expectativas hasta el apoyo de sus amigos y de figuras del deporte, ha sido un “chute de energía”. Lourdes concluye con una mezcla de orgullo y esperanza en la fortaleza de su hijo, un “valiente y luchador” reconocido. “Va a pelear todo lo que pueda y un poco más, y saldrá adelante, y, bueno, con ese respaldo emocional que tenemos por detrás, lo conseguiremos”. Ahora, Gorka comienza una nueva etapa en la que tendrá que reaprender muchos aspectos de su vida diaria. A través de esta recaudación, queremos ayudarle a acceder a varias prótesis, así como al largo proceso de rehabilitación y apoyo psicológico que necesitará.

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