COPE
Comer es una acción básica, pero para muchas personas se convierte en una lucha diaria. No siempre se come por hambre, sino por ansiedad, aburrimiento, culpa o por una búsqueda de control, lo que puede derivar en un problema grave. Sobre esta cuestión ha hablado el psiquiatra Javier Quintero en 'La Tarde' de COPE, con Pilar García Muñiz, donde ha arrojado luz sobre los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Beatriz Esteban es un ejemplo que muestra que de ahí se puede salir. Sufrió anorexia y hoy, ya recuperada, trabaja como psicóloga. "Empecé a buscar el control de mi vida a través de la comida, pensaba que era la forma de quererme más", ha relatado. Esteban ha confesado que estuvo "mucho tiempo negando necesitar ayuda porque yo solo me estaba cuidando", un pensamiento común en las primeras fases de la enfermedad. Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor, ha definido un TCA como "un problema de relación con la alimentación". Según el experto, existe una tendencia a "intentar regular las emociones a través de la alimentación" o un exceso de control que acaba por alterarla, lo que deriva en síntomas psicológicos como la alteración de la percepción corporal o miedos irracionales. Dentro de los TCA, la anorexia se caracteriza por la restricción y el intento de control, la bulimia por un ciclo de atracones y conductas compensatorias como el vómito, y el trastorno por atracón por una pérdida de control al comer sin una purga posterior. Este último, ha apuntado Quintero, es "menos conocido, pero muy, muy relevante" y más frecuente en mujeres de más edad. La palabra 'control' es fundamental en estos trastornos. Quintero ha explicado que trabajan con "modelos dimensionales" donde en un extremo está la anorexia, con un control absoluto y bajo peso, y en el otro la obesidad o el trastorno por atracón, con una pérdida de control. El psiquiatra ha señalado que la presión social sobre el cuerpo ha afectado más a las mujeres, aunque en los chicos se observa un patrón diferente, la vigorexia, una obsesión por ganar volumen muscular. Las emociones también juegan un papel clave. El "hambre emocional" o 'emotional eating' es un concepto que, según Quintero, aparece con frecuencia en el día a día. Se recurre a alimentos placenteros, ricos en azúcar o grasa, para mitigar un malestar. "A nuestro cerebro lo reconoce con un punto de placer que mitiga ese malestar", ha detallado, pero el alivio es momentáneo y a la tristeza se le suma después la culpa, convirtiéndolo en "un mal negocio". Para los padres que puedan estar preocupados, Quintero ha ofrecido un consejo fundamental para la prevención: "Al menos una comida al día, hacerla con vuestros hijos". Este hábito permite observar la relación que tienen con la comida y detectar cambios de patrón, como que dejen de comer alimentos que antes les gustaban o que empiecen a mostrar preocupación por si algo "engorda". Pero, ¿qué necesita una persona para empezar a salir de un trastorno de este tipo? Javier Quintero ha sido tajante: "Atención especializada". Ha advertido que no hay que buscar "medias tintas", ya que los TCA "son los cuadros probablemente más complejos que tenemos en psiquiatría". De hecho, ha recordado que la anorexia, si no se trata adecuadamente, "puede llegar a ser mortal". Por ello, su recomendación es clara: "Si detectamos que hay un proceso de estas características, hay que pedir ayuda especializada". Un mensaje que comparte Beatriz Esteban, quien ha lanzado un mensaje de esperanza. "Nunca imaginé que ni que me querría como me quiero hoy ni que valoraría la vida como la valoro hoy, y lo conseguí, porque creí que merecía esa ayuda", ha afirmado. Su consejo para quien esté pasando por algo similar es no esperar a estar peor: "Si estás sufriendo, ya es una razón, que hay gente dispuesta a ayudarte".
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