Cope Zaragoza
Neizan tiene 6 años y una vida marcada por una cadena de errores médicos durante su nacimiento. Sufre parálisis cerebral, epilepsia, problemas de visión y una discapacidad reconocida del 87%. Ahora, el Juzgado de Primera Instancia número 103 de Madrid ha dictado una sentencia histórica que condena al hospital a pagar 13,3 millones de euros, la mayor indemnización por una negligencia médica en España. No es un premio, sino el cálculo de todo lo que Neizan necesitará para el resto de su vida. Su madre, Andrea Téllez, ha contado su historia en 'La Tarde'. Para ella, la indemnización ayudará a su hijo a tener una mejor calidad de vida. "Por mucho dinero que sea, no va a reparar el daño que le han causado a mi hijo, pero por lo menos podrá tener una calidad de vida lo mejor posible y acudir a todas las terapias que necesite", ha explicado. Debido a que debe cuidar de Neizan a tiempo completo, no puede trabajar, y su economía no le permite costear todas las terapias que el niño requiere, como la acuática o la logopedia, a las que solo acude una vez por semana. Todo se torció el día del parto en 2019 en el Hospital de Sagunto. Andrea, entonces de 22 años y con un embarazo normal, llegó de madrugada con fuertes dolores y la tensión alta. El domingo decidieron provocarle el parto, le rompieron la bolsa y le administraron oxitocina. Ella misma relata su inquietud: "Pregunto que si es bueno que rompan la bolsa, cuando realmente no sabemos las horas que nos vamos a tirar de dilatación, y ellos me dicen que no pasa nada". La dilatación fue muy lenta y Andrea empezó a tener fiebre. Tras horas empujando sin apenas contracciones, y con una matrona indicándole cuándo hacerlo, el niño no salía. En el traslado a quirófano para intentar una ventosa, el bebé expulsó meconio, una señal de sufrimiento fetal que debería haber provocado una cesárea de urgencia. Sin embargo, el equipo médico probó la ventosa dos veces sin éxito. "Ahí deberían de haber hecho ya una cesárea, porque es muy peligroso", ha lamentado Andrea. Finalmente, entre nervios, se ordenó una cesárea de urgencia. El pánico se apoderó de Andrea, que rompió a llorar, por lo que la anestesista decidió dormirla por completo. En medio de la tensión, Andrea escuchó una frase que no olvida: "¿Pero qué hacéis? ¡Parar, parar!", gritaron cuando se disponían a iniciar la cirugía sin que la anestesia general hubiera hecho efecto. Al despertar, le dijeron que su hijo estaba bien, pero que sería trasladado al Hospital Clínico de Valencia por si había tragado meconio. Al día siguiente, Andrea pudo ver a Neizan en la UCI. La imagen fue desoladora: "Estaba en la incubadora, pero no le vi la cara. Tenía los ojos tapados con gasas, una manta de frío para la inflamación de la cabeza y todo conectado a maquinarias, respiración asistida... todo horrible, la verdad". El pediatra que atendió a Neizan fue muy claro sobre la gravedad de la situación. "Me dice que Nathan se encuentra en un estado muy crítico, que tiene 72 horas críticas, y que, si en 72 horas lo desconectan de todo y él es fuerte y tira para adelante, bien, y si no, pues que ahí se iba a quedar", ha recordado Andrea. El pequeño Neizan sobrevivió, pero con secuelas que lo hacen dependiente para todas las actividades de su vida diaria. El abogado de la familia, Rafael Martín Bueno, ha explicado en COPE que la sentencia confirma que hubo una grave negligencia. La máquina que monitorizaba al feto emitió hasta 22 avisos sonoros y visuales de que algo no iba bien, pero "nadie hizo nada". Según el letrado, "estas alteraciones en la gráfica obligaban a confirmar el bienestar fetal y a tomar alguna decisión para extraerlo lo antes posible". No fue un error puntual, sino una cadena de errores. La elevada cuantía de 13,3 millones de euros se debe, según Martín Bueno, a que la jueza ha aplicado el principio de reparación integral del daño. En lugar de ceñirse a los límites del baremo de tráfico, ha concedido todo lo que la familia acreditó con una demanda de más de 200 folios y 1.200 documentos para cubrir la rehabilitación futura, la adecuación de la vivienda y la ayuda de terceras personas. A esta cifra se suman los intereses de mora por el retraso en el pago por parte de la aseguradora y las costas del juicio. El abogado da por hecho que la aseguradora recurrirá la sentencia para "dilatar y penalizar a la gente lo máximo posible". Aunque la compañía ha depositado 3,5 millones, Andrea ha decidido solicitar ese dinero de forma provisional para atender las necesidades urgentes de Neizan. "Si esperamos 7 años más a que sea firme esta sentencia, a lo mejor, Neizan ya no necesita esa rehabilitación", ha argumentado el abogado sobre los riesgos de la espera. Con esta indemnización, Andrea podrá construir una vivienda adaptada, ya que ahora viven en una casa de tres plantas, comprar un vehículo especial y costear las terapias y material de ortopedia que su hijo necesita. Pero más allá del dinero, queda el dolor y la indignación. "Nadie, nunca. Desde el día que nació, día de hoy, nadie ha sido capaz de pedir perdón ni preguntarme en qué situación se o en qué estado, nunca", ha sentenciado Andrea. Su deseo es que ningún otra madre pase por lo mismo y critica que el hospital no estuviera preparado para una complicación así.
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