ABC
En enero de 1921, con la borrasca 'Filomena' cubriendo de nieve Madrid, aun sometida a muchas restricciones a causa del coronavirus, Carolina África dio a luz a su segunda hija, Irene. Al salir de la maternidad, cuenta la propia dramaturga, resbaló, cayó y se rompió una pierna «por veinte sitios» . Hubo, claro, que hospitalizarla y aislarla durante diez días, lejos del bebé recién nacido y de su hijo mayor, Sergio, entonces de dos años y medio. «Fueron días muy difíciles para mí, en el contexto de la pandemia, sin poder estar arropada por la familia y sabiendo que los seres que yo más quería estaban lejos de mi». Durante la convalecencia, en la que compartía habitación con una nonagenaria con síntomas de demencia senil, pidió que le trajeran su ordenador, y allí comenzó la escritura de ' Una buena vida ', la obra que estará en cartel en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero del 13 de mayo al 21 de junio. La propia Carolina África dirige e interpreta la función; le acompañan en escena Ahimsa y Jorge Kent , con una habitación de hospital como escenografía (diseñada por Pablo Menor Palomo). «En esa cápsula del tiempo que fue esa habitación, se dieron encuentros muy bellos -sigue la dramaturga-. Muy feroces, pero también muy hermosos. Pedí un ordenador y allí mismo, en el mismo hospital para no perder detalle de las cosas que estaban sucediendo y empecé a escribir ». Carolina África tenía la necesidad de «convertir mi drama en belleza», que no otra cosa es el arte. «Pero esto no va solo de mí, de contar mi historia -añade la dramaturga-. Va de que mi pequeño relato cuente las historias de todos. Va de transmutar un accidente en algo hermoso , de hacerse preguntas incómodas, de celebrar el milagro del encuentro humano, de ser compasivos sin lástima, de reivindicar la belleza del cuerpo herido e imperfecto, de poner en valor los cuidados, de dignificar una profesión que sostiene el mundo, de valorar el tesoro que es tener una sanidad pública y la necesidad de defenderla con uñas y dientes». En la obra se habla de la fragilidad, de la vulnerabilidad, de los cuidados, y se abordan «desde las hemorroides hasta los mitos griegos». «La pandemia nos dejó clara la importancia de los cuidados -añade-, que se presentan en la obra con toda su crudeza; se habla de los buenos cuidados, de los malos cuidados. Pero se van a ver imágenes que no van a herir la sensibilidad de los espectadores, sino que la van a acariciar». La autora ha calificado la obra como «una oda a mis hijos», y admite que 'Una buena vida' forma de alguna manera un díptico con ' Casa-miento (Bodas sin sangre) ', estrenada en El Umbral de Primavera el pasado año. «En aquella obra hablaba de mi boda y del nacimiento de mi primer hijo». Tanto en ella como en la que ahora estrena ella misma se subía al escenario. «Creo que la manera más honesta de defender al personaje es hacerlo yo». Han pasado cinco años desde la escritura hasta el estreno de 'Una buena vida' -lo que ha tardado el Centro Dramático Nacional en encontrarle hueco en su programación-, pero la autora no ha tocado el texto. «Ha pasado tiempo suficiente como para colocar esos momentos, que conviene que no olvidemos, y que nos resuene todo lo que vivimos». «'Una buena vida' es quizá mi obra más personal -concluye la dramaturga-. Y la más difícil, porque supone abrirme en canal para compartir en cuerpo y alma con el público uno de los momentos más frágiles de mi vida . Lo hago además en forma de comedia dramática que siento es la mejor manera de soportar la ferocidad que nos depara, a veces, el destino. Es amor, humor y esperanza en tiempos de tormentas, y una oda a la intimidad y la ternura».
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