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No hay duda de que el Rey Felipe VI es un gran amante de la gastronomía española, y en particular de la cántabra. Por eso, siempre que puede elige lo mejor de lo mejor cuando quiere darse un homenaje y eso es lo que ocurrió en miércoles de la pasada semana, cuando se sentó en una mesa en La Maruca, del Grupo Cañadío, antes de apoyar al Atlético de Madrid en el partido que disputó ante el Arsenal de la Liga de Campeones. Un lugar de referencia si se quieren degustar las mejores rabas y una deliciosa tarta de queso para rematar. Al frente de La Maruca se sitúa el reputado chef Paco Quirós. Cocinero con más de 30 años de experiencia, también es empresario y aparece como una de las figuras principales de uno de los grupos con más éxito en los últimos años en la capital de España. Don Felipe VI conoce lo que es disfrutar de sus propuestas, como bien demostró con su visita a un restaurante ya de referencia en Madrid. Fue una jornada de lo más ajetreada para el esposo de la Reina Letizia. Primero despachó en el Palacio de la Zarzuela con el presidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Mattias Guyomar, y reservó la tarde para disfrutar de la cocina cántabra en La Maruca, a donde acudió antes de desplazarse por sorpresa al estadio Metropolitano para animar al Atlético de Madrid, club del que es seguidor. Presenció el encuentro desde el palco de honor del coliseo rojiblanco y también departió junto al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el presidente del club de la capital, Enrique Cerezo. Cabe concluir que el Rey Felipe VI se mostró del todo complacido con la propuesta gastronómica del restaurante de Paco Quirós, a juzgar por la sonrisa expresada a su salida del local, ubicado en pleno Paseo de la Castellana. La Maruca pertenece al mismo grupo que otros restaurantes también cántabros como Cañadío, La Bien Aparecida, Cafetería Santander o La Primera, todos ellos de gran éxito y donde no es fácil encontrar mesa. La Maruca abrió en 2014 y su nombre tiene inequívocas raíces cántabras, pues alude a una cala de Santander, lugar de nacimiento de Paco Quirós. Como no podía ser de otra forma, su propuesta aparece apegada al producto y se basa en recetas clásicas de Cantabria con una oferta de lo más variada. Uno de sus platos estelares son sus admirables rabas, crujientes y con una fritura simplemente perfecta. Dicen que algunos días despachan más de 80 kilos de este señero producto. En su carta también destacan su tortilla de patata, poco cuajada, la ensaladilla rusa, que sirven con huevo rallado, pimiento asado, anchoas de Santoña y huevas de trucha, y las empanadillas de bonito. También unos sabrosísimos buñuelos de brandada de bacalao, además de las croquetas de cocido o el lomo de merluza. Sin duda, una oferta de lo más atractiva para el gusto de Don Felipe VI, que suele ser sencillo y partidario de la cocina tradicional basada en el producto. La Maruca es un paraíso de las verduras y los pescados cocinados a la manera clásica, y esto sin duda atrae a un amante de la gastronomía del norte de España como es el monarca español. Y si se prefieren las carnes, una buena idea es disfrutar con el san jacobo de lomo de Potes o los callos a la montañesa. Y qué decir de su cocido montañés... El final de una comida en La Maruca es casi obligado, pues posee una de las tartas de queso más reconocidas de España gracias a su delicada textura cremosa y semilíquida en el centro, la tarta Cañadío 1981, que se desparrama ligeramente al cortarla y se sirve templada. Y no se trata de un restaurante especialmente caro, pues se estima que se puede comer allí, y la mar de bien, por menos de 40 euros por persona.
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