ABC
A eso de las once de la mañana llamaron a la puerta, y era un toro de Miura. El taxidermista lo posó sobre la acera frente a la casa, y parecía que emergía de debajo del suelo. Un toro en una acera de Madrid, por muy disecado que esté, resulta una exclamación, una llamada a algo y una ventana a la otra dimensión de Zahariche, la finca de Lora del Río, con su miedo y sus florecillas inocentes, violetas, amarillas y blancas. Colgamos a 'Chirrino' en la pared de la buhardilla, que es el lugar desde el que ahora vigila el mundo con su capa cárdena de rey de los animales, la cara ancha como un telesilla y un par... Ver Más
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