ABC
Si hay una época en la que Sevilla está más bonita que nunca, esa es la primavera. En este tiempo es posible encontrar un encanto especial incluso en medio del mar de asfalto y del interminable horizonte de bloques de pisos que puebla muchos de los barrios de la capital hispalense, como ocurre en Los Remedios. Uno de los edificios más emblemáticos de esta zona llama la atención cada año a quienes pasan por la calle Santa Fe gracias al jardín vertical que se adueña de su fachada y la tiñe de color verde. El responsable de esta eclosión vegetal entre ladrillos y ventanas es Manuel Salazar Murillo , quien fuera reputado cirujano urólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena. Fue él quien plantó hace nada menos que cuarenta años una viña roja en el edificio y desde entonces la cuida con mucho esmero para que cada año renazca como hace la ciudad al llegar la primavera. Manuel, ya jubilado, se confiesa como un auténtico apasionado del mar, las plantas y el río Guadalquivir, y ahora dedica su tiempo a distintas aficiones y labores. La idea de plantar una viña roja no fue casual, como el artífice de este pequeño gran vergel en altura señala a este periódico: «Se discutieron varias plantas y propuse la viña roja, pero nadie pensó que fuera a llegar hasta la azotea». Esta especie que es prácticamente una enredadera crece entre los cascotes de la obra a pesar de no tener tierra, extrayendo su alimento de la cal de los ladrillos, por lo que agarra bien en ese tipo de 'terrenos' y cumple una excelente función ornamental. Además, como apunta Manuel, «sus hojas crean un microclima entre el muro de ladrillo que enfría el aire caliente, regulando la temperatura del edificio». Aunque la mayoría de los vecinos están encantados, reconoce que alguno se le ha quejado pasegurando que entran bichos por la ventana, ya que este espacio verde tiene su propia biodiversidad. Su pasión por la botánica trasladada al bloque en el que vive no queda ahí, ya que en su terraza cultiva tomates, melones, sandías, calabazas e incluso tiene una higuera y un granado. Como asegura su hija Celia, los vecinos lo adoran. A sus 85 años , está lleno de vitalidad y no deja de idear cosas ahora que ya no acude a su consulta en la avenida de la República Argentina, donde no dejaba de atender pacientes. «Siempre he tenido mucha actividad. Ahora, como es natural, tengo menos, y es algo que me irrita», apunta Manuel entre risas. «Hace unos días le regalé mi coche a mi nieta mayor porque ya no estoy para cogerlo, y lo echo mucho de menos», reconoce. Celia asegura que, además de ser un hombre muy inteligente con una «mente privilegiada», también es una persona con un sentido del humor formidable y un gran padre y esposo. A su madre le regaló por el día de los enamorados un generador de hidrógeno fabricado por él, algo que no es nada sencillo de hacer. Pero Manuel es todo un manitas y da mucho uso a un cuarto que tiene lleno de herramientas desde que cambió las vasectomías por la jardinería, el taladro y las construcciones caseras. «Tengo un taller en el que fabrico muchas cosas. Es algo que me gusta y me entretiene», subraya. Tantos intereses e inquietudes los traslada a todos los aspectos de su vida. Celia cuenta que «mi padre tiene una pandilla de unos siete amigos con los que baja a verse todos los días sobre las doce para tomarse una cerveza. Él los llama la tertulia». Uno de ellos, 'Rafael el militar', murió recientemente, y decidió hacerle un homenaje fabricando un cohete con pequeños motores de pólvora. Lo tiene todo bien pensado y previsto, con un cohete con el nombre de cada uno de sus amigos y otro con el suyo propio —«un poco tétrico», confiesa risueña su hija—. Llevan en el centro una suspensión para que no se desvíe su trayectoria, de forma que puedan volar hasta 200 metros directos hasta el cielo desde el campo de la Feria. Un espectáculo asombroso del que hace partícipes a todos los miembros de la tertulia. Entre viñas rojas y cohetes, su hija cuenta con emoción que «mi padre no sabe que él ya es un cohete… directo al corazón de todos los que lo rodean». Manuel es una de esas personas que no saben estarse quietas y lo revolucionan todo a su alrededor sin pedir nada a cambio. Su legado en forma de enredadera lo puede disfrutar en esta época del año todo aquel que pase por la calle Santa Fe.
Go to News Site