Cope Zaragoza
Para los empresarios y directivos cristianos, la empresa no puede tener otro foco que la dignidad de la persona. Así lo afirma Carlos Jiménez, vicepresidente de Actien Social Empresarial (ASE), quien defiende un modelo donde las compañías se conviertan en auténticos elementos para la transformación social. Según Jiménez, el punto de partida es el principio de subsidiariedad, que busca dar a cada trabajador su sitio para que pueda desarrollarse como persona en su día a día. Aunque el beneficio económico es un pilar fundamental, ya que “sin beneficio no hay empresa, sin beneficio no hay trabajo”, el objetivo debe ir más allá. “Las empresas son un ámbito importante para que las personas puedan desarrollarse personal y familiarmente”, explica Jiménez. Sostiene que, dado que la gente pasa la mayor parte de su tiempo en el trabajo, este espacio es clave para generar un impacto positivo en la sociedad. El rasgo distintivo de un líder empresarial católico es poner a la persona en el centro. Esto se traduce, según el vicepresidente de ASE, en ser capaces de generar empleos de calidad que no solo ofrezcan un salario justo, sino que también actúen como un “motor incentivador” para los trabajadores. Jiménez prefiere este término al de “trabajo decente”, pues considera que todo trabajo dignifica a la persona. Para conmemorar el 75 aniversario de ASE, la organización ha preparado un encuentro bajo el lema: “Excelencia empresarial, bien común y solidaridad, las claves de la sostenibilidad”. Aunque inicialmente se planteó como un evento nacional, se ha convertido en un encuentro internacional con inscritos de más de 20 nacionalidades distintas, incluyendo directivos de Argentina, Chile, África y diversos países europeos. Para un directivo cristiano, la excelencia en la gestión no es suficiente si no va acompañada de una proyección hacia el bien común y de la solidaridad. En este sentido, Jiménez subraya la importancia de la visión a largo plazo: “Nosotros entendemos que una empresa cristiana tiene que tener una proyección de largo plazo”, en contraposición a las decisiones cortoplacistas que dominan el día a día del mercado. Jiménez considera que los empresarios españoles “lo estamos haciendo bien, pero todavía tenemos déficits”, como una mayor implicación en las comunidades locales donde se insertan. Además, destaca que la formación es básica, ya que la Doctrina Social de la Iglesia “es la gran desconocida entre los católicos”. Por ello, concluye que el primer paso para aplicarla es “conocerla”.
Go to News Site