Cope Zaragoza
Cuando se cumple un año de la elección de León XIV, emerge un retrato más íntimo y profundo de la figura de Robert Prevost. Lo traza el historiador, Rafael Lazcano, autor de 'León XIV, El Papa agustino, peregrino hacia Dios' y compañero de Prevost en el Colegio Internacional de Santa Mónica en Roma entre 1981 y 1985. Lazcano desvela las claves de un pontificado que, asegura, todavía está por descubrir y que "nos va a sorprender mucho". Durante su formación en Roma, al Papa se le conocía como "Bob" o "Prevost a secas". Lazcano lo recuerda como "un joven muy ilusionado, muy capaz, realmente centrado en lo que es importante dentro de la orden de San Agustín". Con 26 años, ya destacaba por su interés en la interioridad y el estudio, preparándose para desempeñar puestos relevantes en la provincia agustiniana de Chicago. Una de las facetas que más llamaba la atención de sus compañeros era su capacidad de escucha. "Él era un pelín tímido, retraído, escuchaba mucho, lo hacía bien, porque se enteraba absolutamente de todo", explica el historiador. Esta cualidad se complementaba con una gran prudencia, pues solo "intervenía una vez captado todos los puntos de vista". Este rasgo, según el biógrafo, se ha hecho visible en su primer año como Papa, marcando un estilo reflexivo y sereno. Su formación intelectual en la Universidad de Vilanova y en el Angelicum de Roma, donde estudió derecho canónico, le abrió nuevas perspectivas. Desde joven mostró una "particular inclinación hacia el servicio a los demás". Según Lazcano, su vocación no se limitaba a la teoría, sino que buscaba materializarse en "gestos, con acciones, con proyectos" dirigidos a los más necesitados. Esta herencia, resultado de una mezcla del carácter disciplinado de su padre y la sensibilidad cultural y litúrgica de su madre, conforma la personalidad de un Papa que expresa su fe de una manera "mucho más densa y profunda". Al valorar este primer año de pontificado, Rafael Lazcano destaca dos mensajes fundamentales que ha puesto sobre la mesa León XIV. El primero es el de la unidad de la Iglesia. El Papa "lo cuida mucho, lo tiene a gala". El objetivo es que "la etapa última del Papa Francisco sea superada y sea asumida por la Iglesia positivamente", manteniendo la cohesión a pesar de las diferencias en la jerarquía, las diócesis y las conferencias episcopales. La segunda cuestión clave es su intención de "proyectar una nueva metodología para abordar las cuestiones fundamentales de la Iglesia". Esto pasa, según el historiador, por una "antropología nueva y distinta". Un ejemplo de ello es la lectura que está haciendo del Concilio Vaticano II en sus audiencias generales, una lectura que "hay que leer muy entre líneas" y que busca la "actualización y vitalización" de su mensaje para que la Iglesia crezca "con vitalidad, con fuerza". Mirando al futuro, Lazcano identifica desafíos significativos para el pontificado. El principal de ellos se encuentra en "las nuevas fases de la sinodalidad". Lo describe como "un hueso duro de roer", un proceso que apenas comienza y que tiene "muchos niveles y etapas". El camino de "caminar con y caminar juntos" será uno de los ejes de sus próximos trabajos. Otro de los focos de su pontificado es su profunda conexión con África. Lejos de la creencia popular que lo vincula principalmente con Hispanoamérica, Lazcano afirma que, como agustino y prior general, "llevaba África en su corazón". Estaba "muy pendiente de las comunidades agustinianas y de los proyectos que se iban realizando en África", visitando el continente siempre que tenía oportunidad. Este vínculo anticipa un papado con una mirada especial hacia esta tierra.
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