Vanguardia
Caminando esta mañana, me di cuenta de que lo hacía como viejito: pasos cortos, hombros caídos, la mirada en el suelo. Corregí la postura de inmediato: enderecé la espalda y recuperé el paso firme. Entendí que la vejez es, ante todo, una rendición mental. Si permito esa postura, el envejecimiento será una profecía autocumplida con implicaciones físicas e intelectuales.
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