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¿En qué actividad pierdes la noción del tiempo? Ahí se esconde tu verdadero talento | Collector
¿En qué actividad pierdes la noción del tiempo? Ahí se esconde tu verdadero talento
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¿En qué actividad pierdes la noción del tiempo? Ahí se esconde tu verdadero talento

El talento es uno de los grandes misterios de la condición humana. ¿Se aprende o es una cualidad innata? El escritor e investigador Tony Estruch, especializado en la materia, ofrece una respuesta contundente que desafía las convenciones. Según Estruch, uno de los mayores problemas de la sociedad actual es que no comprende la verdadera naturaleza del talento. "El talento es innato", afirma, explicando que viene determinado biológicamente desde el nacimiento, como el color de los ojos o la forma de las piernas. Sin embargo, al estar alojado en el cerebro y no ser visible, a menudo pasa desapercibido o se confunde con otras aptitudes. Estruch define el talento como la suma de nuestras habilidades cognitivas innatas y todo lo que conforma nuestro cuerpo. En este sentido, establece una diferencia fundamental entre una habilidad y una capacidad. Mientras que la capacidad se adquiere mediante el esfuerzo y la formación, como cuando se estudia una carrera universitaria para "ser capacitado", la habilidad innata no requiere aprendizaje. "Una habilidad innata no necesita que te capaciten, forma parte de tu naturaleza", aclara el experto. Por tanto, la habilidad es uno de los dos componentes esenciales del talento, una pieza que no se fabrica, sino que se descubre. Si el talento es algo oculto, ¿cómo se puede descubrir? Estruch señala un indicador inconfundible que todos hemos experimentado alguna vez: "aquello que te hace perder la noción del tiempo" es el máximo indicativo. Explica que nuestro cerebro está diseñado para realizar micropausas cada tres o cuatro segundos, conectándonos constantemente con el pasado y el futuro. Sin embargo, hay actividades que nos sumergen en un estado de flujo tal que esa percepción se desvanece. "Muchas veces hemos hecho cosas y, al terminar, nos damos cuenta de que ha pasado media hora o una hora sin notarlo", ejemplifica. Esa es la verdadera señal. Por el contrario, "cuando estás haciendo una tarea y piensas en cuándo acabará, es que eso que haces no va contigo". Este revelador indicador es una herramienta crucial para padres y educadores. Estruch critica la obsesión de muchos padres por convertir a sus hijos en "el nuevo Messi", ignorando las señales más sutiles y auténticas de su talento. Aconseja observar atentamente en qué actividades los niños pierden la noción del tiempo, ya que ahí se encuentra su talento innato. En lugar de generalizar y lamentar que a un niño "no le gustan los deberes", el experto recomienda analizar si existe alguna materia o tipo de ejercicio concreto que sí capta su interés hasta el punto de que el tiempo vuela. Es en esa conexión donde residen sus habilidades naturales y su potencial. Estruch es demoledor al analizar el papel del sistema educativo actual, al que no duda en calificar de "educastración" en lugar de educación. Basa su crítica en afirmaciones rotundas y estudios externos. "Hay estudios de la NASA que están publicados en Internet, donde la NASA confirma, literalmente, que el sistema educativo destroza el talento innato de las personas", sentencia. Según el investigador, el talento no solo es víctima de un modelo académico fallido, sino también de las presiones sociales como "el éxito, la fama y la necesidad de llegar a final de mes", que empujan a muchos a abandonar sus dones naturales a cambio de una carrera que consideran más productiva o rentable. El problema de fondo, según el experto, radica en la propia estructura del modelo de enseñanza. Estruch detalla que el cerebro humano posee nueve capacidades creativas innatas, pero "en el sistema educativo solo se desarrollan cuatro", mientras que las otras cinco son completamente ignoradas. "Si no tienes la capacidad creativa mimética, las matemáticas no se te darán bien. Si no tienes la capacidad creativa disociativa, la física y la química, tampoco", argumenta. Señala el caso de la intuición, una poderosa capacidad creativa innata para la que hay "cero asignaturas". Este desajuste provoca que el cerebro del alumno "no se excite" con los deberes, generando frustración y desinterés. Esta desconexión sistémica deriva en un "fracaso escolar cada vez más bestia", advierte Estruch. Tras haberse reunido con responsables de educación, considera que el sistema se retroalimenta en un círculo vicioso. Pone como ejemplo al licenciado en Física que, sin vocación docente, acaba de profesor, convirtiéndose en un mero transmisor de información. "Los profesores son más administrativos que profesores", lamenta. Además, denuncia que la orientación vocacional obligatoria en las aulas "no se hace ni de lejos" por falta de tiempo, una carencia que contribuye a demoledoras estadísticas: "uno de cada tres estudiantes abandona la carrera en el primer año" por haberse equivocado de camino. Frente a este panorama, ¿cómo se puede proteger y potenciar el talento? Estruch parte de dos premisas científicas: "todo el mundo tiene talento" y "todo el mundo es creativo". La clave está en acompañar, especialmente a los más jóvenes, sin caer en la trampa de las etiquetas o la presión excesiva que termina por "quemar" el entusiasmo. La propia etimología de la palabra entusiasmo, explica, significa "llevar un dios dentro", es decir, un creador. "Lo que nos hace estar entusiasmados es crear a favor de aquella habilidad que tenemos para aportar soluciones", afirma. Por ello, la misión es motivar constantemente a los niños para que busquen "aquello que les hace perder la noción del tiempo y que después lo desarrollen al máximo". Con este objetivo, la fundación de Estruch está desarrollando una propuesta para que los adolescentes puedan tomarse un año sabático al finalizar el bachillerato. "Ojo, no un año para estar en el sofá", matiza, sino "un año para descubrirse a sí mismo". El autor de libros de éxito como "El geniotipo", que ya va por su octava edición, o la fábula "¿Para qué he venido a este mundo?", insiste en que el talento es un compañero de por vida. "El talento es innato y está en ti desde el día que naces hasta el día que mueres", concluye, recordando los numerosos ejemplos de grandes creadores que dieron sus mejores frutos en la edad más avanzada.

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