ABC
El 10 de mayo de 1626, una flotilla española llegó a la playa de Fulong, en el norte de Taiwán. A la ensenada a la que arribaron la llamaron Santiago, nombre que sigue latente en un cabo aledaño. Allí, los expedicionarios, que habían viajado hasta la isla para frenar a los neerlandeses que estaban en el sur y llevar su fe católica, se encontraron con la población indígena. A pesar de que ya había habido encuentros anteriores, esta interacción tiene un valor fundacional por su oficialidad; el Imperio español llevaba tiempo haciendo planes para conquistar la Isla Hermosa. Los recién llegados construirían poco después una fortaleza, San Salvador, en lo que es hoy la isla de Heping, en la ciudad de Keelung. En ese temprano asentamiento, edificarían también la iglesia de Todos los Santos. Un equipo multidisciplinar de españoles y taiwaneses desenterró los restos de aquella iglesia a principios de la década de 2010. Este hallazgo dio lugar a nuevas investigaciones y estudios que han seguido aportando resultados hasta este 2026, año en el que ambos lados se observan con otros intereses y anhelos, pero también con más conciencia y conocimiento. A lo largo de estos 400 años, España y Taiwán han navegado por mares que las han acercado, como el del anticomunismo durante los regímenes autoritarios de Franco y Chiang Kai-shek, y las han llevado a alejarse, como el de la expulsión de los españoles en 1642 por parte de los neerlandeses. No ha sido una relación fácil; las dinámicas que han atravesado la isla en este periodo han obligado a ambas partes a reconfigurar continuamente las interacciones entre las gentes que habitan sus territorios e imaginarios. La historiografía moderna observa estos encuentros mayormente bajo la dureza de la geopolítica, prestando menor atención al relato de los afectos. Es en este último donde encontramos una mirada reveladora y humana, protagonizada por personajes como el marino Pedro Florentino, quien acabó formando una familia en Tamsui durante la segunda mitad del siglo XIX; la escritora Sanmao, cuya obra y amor por su marido, José María Quero, han modelado las fantasías del mundo sínico sobre España; o el director Tseng Dau-hsiong, que cumplió la promesa que hizo ante la tumba de Manuel de Falla de traer la obra del compositor gaditano a Asia gracias a unos conciertos que tuvieron lugar en Taichung en 2020. También encontramos ese relato en diferentes colectividades, como la de los becarios chinos que viajaron desde Taiwán a España para formarse en la década de 1950 o la de los dominicos, que regresaron a la isla a partir de 1859 y dejaron escritos no solo sus quehaceres, sino también impresiones y sentimientos, en el Correo Sino-Annamita. Sobre esta visión, la efeméride de los 400 años de encuentros sirve además para poner de relieve el relato local de los que ya estaban allí, lo cual nos permite construir una historia más simétrica, en la que no solo tienen cabida españoles y taiwaneses, sino todas las fuerzas que atraviesan la relación. La búsqueda de este relato de afectos y simetría contará este año con un nuevo hito, el de la publicación de tres libros de literatura taiwanesa contemporánea en español a partir del mes de junio. Dirigido por la profesora Luisa Shu-Ying Chang, este proyecto literario dará voz en España a una miríada de autores que han vivido y viven en la diversa y compleja isla. A Taiwán también llegarán letras españolas a través de una exposición sobre Miguel de Cervantes y El Quijote que comenzará a finales de 2026 en el Museo Nacional de Literatura de Taiwán, sito en Tainan. El de la literatura es uno de los ámbitos en el que más encuentros han ocurrido durante los últimos años, con un amplio abanico de obras taiwanesas traducidas al español. Este fenómeno demuestra un claro interés por Taiwán en España, pero hay más; la historia en común entre ambas partes sigue generando una nada desdeñable cantidad de investigaciones en uno y otro lado, algunas de las cuales han sido reconocidas en prestigiosos certámenes hispanistas. Sobre este aspecto, cabe destacar el XII Congreso Internacional de la Asociación Asiática de Hispanistas que tendrá lugar en Taipéi en enero de 2027, el cual convertirá a la capital taiwanesa en lugar de encuentro para investigadores de todo el mundo bajo la bandera del debate sobre el futuro del hispanismo, especialmente en Asia-Pacífico. Además, este año se publicará un dossier especial sobre estos cuatro siglos de encuentros en la revista anual Encuentros en Catay, una publicación en español nacida en Taiwán hace 39 años. En este, varios especialistas analizan el legado español en Taiwán , las memorias compartidas entre ambos lados, el papel de la traducción en esos encuentros, la moderna relación a través del arte y los contactos ocurridos en el mundo del cine. En dicho dossier, el profesor José Eugenio Borao, experto en la historia de las relaciones sino-españolas, da cuenta de la importancia de los restos de la iglesia de Todos los Santos en esta efeméride y el citado legado. En el lugar en el que se encuentra lo que queda de la edificación religiosa se está construyendo un centro de interpretación que servirá para entender mejor el significado de aquellos encuentros primigenios y visibilizar las capas superpuestas de historia que alberga Keelung: la indígena, la española, la holandesa, la china y la japonesa, entre otras. No como relatos en competencia, sino como sedimentos de una misma ciudad portuaria que lleva milenios mirando al mar y recibiendo al que llega de fuera. Estos 400 años de encuentros entre España y Taiwán han demostrado que la relación entre ambas partes es capaz de reinventarse una y otra vez. No sabemos cómo será el mar que tendrán que navegar estas en los años venideros, y si este las acercará o las alejará, pero sí que hay una necesidad de conocer mejor el pasado en común que las une para seguir navegando.
Go to News Site