ABC
Los caballos policiales apenas podían contener a la multitud que se agolpaba en la explanada venteña. Todo el mundo quería ver a Alejandro Talavante salir una vez más a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas. Entre empujones, móviles levantados y aficionados encaramados a las vallas, la familia del extremeño esperaba emocionada la llegada del torero a la furgoneta. Sus hijos aguardaban orgullosos para fundirse con él en un abrazo, mientras su hermana intentaba grabar la escena entre el gentío. Su padre, Jacinto, observaba todo con prudencia, aunque sin dejar de recibir felicitaciones. Una hora antes, dentro de la Monumental, el pañuelo azul había asomado mientras los empresarios de Madrid y Fermín Bohórquez abrazaban a Alejandro Talavante. Por segundo... Ver Más
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