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El Gómez Ulla detectó fallos en la unidad de aislamiento que podrían suponer un riesgo con el hantavirus | Collector
El Gómez Ulla detectó fallos en la unidad de aislamiento que podrían suponer un riesgo con el hantavirus
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El Gómez Ulla detectó fallos en la unidad de aislamiento que podrían suponer un riesgo con el hantavirus

El Hospital General de la Defensa Gómez Ulla de Madrid trabaja en el protocolo para acoger a los españoles que viajan en el crucero del brote de hantavirus que serán allí trasladados para guardar cuarentena. El centro cuenta con una Unidad de Aislamiento de Alto Nivel que es referencia para la hospitalización de pacientes con enfermedades infecciosas de alto riesgo o víctimas de posibles incidentes con agentes NRBQ. Sus instalaciones están preparadas al detalle para cumplir con todas las medidas sanitarias y de seguridad que requieren este tipo de emergencias. Sin embargo, un reciente documento del Ministerio de Defensa revela fallos en los equipos que podrían suponer algún riesgo para los pacientes o los sanitarios dedicados a su atención. La grieta de seguridad, según el informe al que ha tenido acceso ABC, fue advertida en los meses de agosto y septiembre de 2024, cuando un hombre con fiebre hemorrágica de Crimea-Congo detectado en Salamanca fue trasladado al Gómez Ulla para ser ingresado en la unidad de aislamiento. «Las cápsulas de aislamiento disponibles, con diez años de antigüedad, se han mostrado insuficientes», reza la información firmada por el teniente coronel Francisco Javier Membrillo de Novales, jefe de la unidad NRBQ-Infecciosas del centro hospitalario. Precisamente ayer la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) modificó sus recomendaciones ante las novedades sobre la transmisión y letalidad del hantavirus y pasó a recomendar que los sanitarios que atiendan a estos pacientes deben hacerlo en las unidades de aislamiento y dotados de los equipos de protección individual adecuados para evitar un posible contagio. El informe del teniente coronel médico relata que, en el caso del enfermo de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la comunidad autónoma de origen —Castilla y León— decidió su traslado sin cápsula de aislamiento. «A su llegada a este hospital, se sufrieron dificultades para la apertura y cierre de las cremalleras por el personal vestido con EPIs, que pudieron poner en riesgo al personal sanitario de esta unidad», reconoce. Sumado a ello, el teniente coronel médico constata que las cápsulas disponibles «no están refrigeradas», lo que causó un golpe de calor a un figurante en un simulacro previo; y tampoco poseen medios de generación de presión positiva, «impidiendo su uso para realizar aislamiento inverso en víctimas de incidentes con agentes químicos vesicantes o síndromes cutáneos o neurológicos por radiación». De hecho, esto provocó quejas formales por parte de los sindicatos durante las activaciones de esta unidad en el año 2025 para el traslado de pacientes. «Se consideró la ausencia de estas cápsulas un riesgo para la seguridad del personal sanitario», concluye el informe. ABC se puso en contacto con el ministerio de Defensa para preguntarles por estos fallos y se limitaron a responder: «Nada que añadir». Este análisis forma parte de la memoria justificativa para la adquisición de una cápsula de aislamiento para el hospital Gómez Ulla. Se trata de una licitación que la Inspección General de Sanidad publicó el pasado 13 de abril y está aún pendiente de adjudicación. El documento de pliegos para la adquisición estipula un coste de 50.000 euros y decreta que la entrega deberá realizarse antes del 1 de diciembre de este año. En concreto, Defensa ha decidido la necesidad de comprar una cápsula de aislamiento de alta eficiencia, preparada para aislar todo el espectro de víctimas de incidentes con agentes NRBQ y enfermedades infecciosas de alto riesgo que permita de forma segura el transporte en ambulancia, ala rotatoria (helicóptero) o camilla. El contrato exige además que la cápsula sea operable por un máximo de dos personas, reutilizable, descontaminable y que garantice evitar el estrés térmico del paciente. También debe permitir la atención en el interior de la camilla sin necesidad de su apertura. El pliego de licitación incluye además toda una serie de exigencias técnicas para la cápsula: debe haber sido sometida a pruebas de choque, tiene que funcionar en presión positiva y negativa, el techo debe ser rígido, los componentes principales deben ser reutilizables, tiene que haberse probado con pruebas de descompresión rápida, los filtros deben ser intercambiables durante el transporte sin comprometer la seguridad o debe haber superado pruebas de vibración. También las medidas son estrictas y la cápsula no puede superar los 2,3 metros de longitud ni un ancho de 0,6 metros. Además, está estipulado que el material que llegue al centro debe contar con una vida útil de diez años desde su entrega. Y el contrato incluye algo más: la formación del personal de la unidad y personal de tropa del hospital «que sea necesario para operar la estación». Todo ello para corregir unas deficiencias que podrían comprometer la seguridad del centro de alto nivel, que fue puesto en marcha tras la crisis del ébola del año 2014. La unidad fue inaugurada en 2015 y desde entonces ha sido activada ante distintas emergencias, incluyendo la pandemia provocada por el Covid en 2020. Al hospital Gómez Ulla fueron trasladados los españoles evacuados de la ciudad china de Wuham, foco del virus. Allí guardaron cuarentena en unas condiciones en principio similares a las que regirán ahora para los evacuados del MV Hondius. En esta nueva crisis, la ministra de Sanidad, Mónica García, sostuvo que se trata de «uno de los hospitales mejor preparados de Europa para dar respuesta a brotes epidemiológicos». Actualmente los 14 pasajeros españoles están asintomáticos, pero si alguno desarrollara síntomas sería trasladado a la planta de la unidad de aislamiento, una de las «más avanzadas de Europa», según la ministra. «Todo pensado para contener cualquier brote, incluso con mucha mayor transmisibilidad», sacó pecho. Esta zona de alto nivel está ubicada en la planta 22 del hospital con el objetivo de cubrir las necesidad que pueda generar cualquier enfermedad altamente contagiosa. Está compuesta por ocho habitaciones de aislamiento, un laboratorio de bioseguridad y un centro de control NRBQ con las mayores capacidades domóticas; además de una zona de cuidados críticos y quirófano.

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